Tragedias

viernes, 30 de enero de 2026

HECHOS Y CURIOSIDADES DE VENADO TUERTO

Secuestro de Don Florencio Andueza


El 26 de agosto de 1931, el señor Florencio Andueza de 31 años, fue secuestrado en Venado Tuerto, frente a su domicilio de calle Belgrano 981. Aproximadamente a las 20 horas, un automóvil “Pontiac” se estacionó sobre la calzada, y uno de los ocupantes le preguntó dónde quedaba “la fonda”, en tanto el chofer simulaba leer un papel a la luz del tablero del automóvil y balbuceaba un nombre que no llegó a entender, por lo que se acercó al rodado; fue ahí que, sorpresivamente, dos hombres se bajaron por la puerta trasera, le taparon la cabeza y lo metieron en el auto. Uno de los secuestradores quiso tranquilizarlo diciéndole que no temiera, que solamente querían un poco de dinero.

Residencia de Florencio Andueza
Demolida durante el proceso militar de
1976/1983
Dos días después, un llamado telefónico desde Pergamino (Prov. De Bs.As.) informaba que el señor Andueza se encontraba en el cementerio de esa ciudad. Esto movilizó a la policía que comprobó que se trataba de un demente místico, que decía poseer dotes adivinos.

A pesar de las diligencias policiales, las investigaciones no estaban dando el resultado esperado, a pesar de algunas detenciones, lo que originó la chanza de los mafiosos.

Más tarde los raptores le hicieron escribir a Florencio varias cartas a su tío Gamboa, con la finalidad de allanar las negociaciones. Entre esas misivas se acordó acceder al pedido de la familia Andueza, de que el señor Martín Iriondo, un hacendado de la localidad de Chapuy, fuera el mediador, lo que fue aceptado por los delincuentes.

De esta manera, se acordó realizar el primer contacto el 30 de agosto conforme a las directivas puntillosas de los delincuentes, y que fueron cumplidas por el mediador al pie de la letra en su viaje de ida y vuelta a la ciudad de Santa Fe, aunque nadie se contactó con él. El 2 de septiembre, Iriondo emprendió otro viaje a Rosario con una carta de Gamboa, donde pedía una rebaja por el rescate. El contacto se realizó en Avda. Alberdi al 600 con un individuo que se identificó con una contraseña grotesca: “¿Me da diez toscanos?

Seguidamente, a través de otra carta redactada por Andueza, los secuestradores accedieron al pedido y rebajaron la suma de $ 150.000.- a $ 100.000.-, indicando que la entrega debía hacerse en “Puente Gallegos” (Ovidio Lagos y Arroyo Saladillo) el día 5 de septiembre. En esta ocasión el santo y seña fue más trivial: “¿Tiene pollos?”.

Cumplida la entrega del dinero, al día siguiente el raptado fue puesto en libertad sano y salvo a una cuadra y media de su casa.

Florencio no pudo dar mayores precisiones sobre su secuestro, salvo que estuvo cautivo en un sótano donde había una mesa, una silla y un colchón, desconociendo totalmente su ubicación. Tampoco pudo describir la fisonomía de sus captores, quienes, antes de liberarlo le dijeron: “Usted tendrá que ir a declarar ante la policía y cuando lo haga, dígales que pongan en libertad y dejen tranquila a esa pobre gente que no tiene nada que ver con nosotros”.

La investigación pareció quedar en punto muerto, hasta que el 12 de enero de 1932 fue encontrado el cuerpo acribillado de Juan Amado en un camino cercano a la localidad de Murphy, y que tenía todas las características de un ajuste de cuentas entre el grupo de delincuentes que había secuestrado a Andueza. Pero esto se supo recién cuando declaró en la causa Julio Pinillos, un joven de Venado Tuerto.

Pinillos, camuflado como un inofensivo vendedor de pescados, realizaba tareas de inteligencia para el grupo mafioso, y aunque no participó del homicidio, aportó datos importantes sobre el accionar de la banda delictiva e involucró a Segundo Luis Busellato, propietario de una fonda que hacía de pantalla para la organización.

Pierina Elena Busellato, una de las hijas del mesonero, decidió consultar al procurador general Julio Ángel Gatti, respecto a su novio Antonio Michelli, dado que éste fue quien hizo el seguimiento de Florencio Andueza antes de su secuestro. Al respecto el procurador fue terminante: “No queda otra cosa, más que decir la verdad. Con la muerte de Amado, todos van a quedar detenidos”. Poco tiempo después, quedaba al descubierto una de las organizaciones delictivas más peligrosas de aquella época.

Al día siguiente, su hermano Miguel Andueza, recibió una misiva en la que le decía que había decidido imprevistamente viajar a Buenos Aires con unos amigos. La confusión fue despejada por Santiago Gamboa, su tío y socio comercial, quien, conociendo la personalidad de su sobrino, percibió que se trataba de un acto mafioso.


Detalles y consigna


Los secuestradores de Florencio Andueza no dejaron nada librado al azar para cobrar el rescate. A través de las cartas que le hacían escribir a sus familiares, detallaron minuciosamente los pasos a seguir. El automóvil debía llevar un pañuelito blanco en el radiador y partir de Venado Tuerto a las cinco de la mañana a no más de 40 kilómetros y dirigirse a San Urbano, Santa Teresa, Pavón Arriba, hasta calle Plata de Rosario. El mismo día, salir de Rosario a las ocho de la noche haciendo el mismo recorrido a la inversa que a la venida. El mediador debía hacerlo solo y entregar el dinero a quien lo detuviera y le pidiera si “tiene pollos”.

Andueza recomendaba en sus cartas mantener “el mayor secreto” respecto a las operaciones, porque los secuestradores era gente muy decidida y no pararían hasta vengarse de todos.

En su viaje anterior, el mediador Martín Iriondo, hubo de cumplir otro recorrido: Salir a las 7 de la mañana de Venado Tuerto hacia Rosario, almorzar en esta ciudad y luego continuar viaje a la ciudad de Santa Fe; al otro día regresar haciendo el mismo trayecto. En este caso el pañuelito en el radiador debía ser color rojo.


Otros secuestros


Los secuestros de Florencio Andueza (Venado Tuerto 1930); de Julio Nannini y Carlos Gironacci, (Arroyo Seco 1931), de Jaime Favelukes y Abel Ayerza (Buenos Aires y Marcos Juárez 1932 respectivamente), instalaron a la mafia en el imaginario colectivo, como un poder capaz de eludir la investigación policial en todas partes. Estos secuestros tuvieron un denominador común, todos fueron planificados por mafiosos radicados en la ciudad de Rosario.
Abel Ayerza

El último episodio de esa serie ocurrió en la noche del 29 de enero de 1933 con el secuestro de Marcelo Enrique Martin, mientras todavía se ignoraba el paradero del joven Ayerza.


Secuestro de Marcelo Martín


El vecino de Rosario, Roberto Badano junto con su hija, vieron cómo dos hombres secuestraron a Martín tomándolo por detrás mientras le ataban una mordaza en la boca y le tapaban la cabeza. Según las crónicas de la época, padre e hija fueron los únicos testigos del hecho, cuya declaración ampliaron con datos pormenorizados. Según manifestaron, en el forcejeo, a uno de los delincuentes se le cayó un arma que recogió antes de que subieran a la víctima a un auto taxímetro marca Hudson, color verde aceituna de techo blanco. Cumplido su cometido, el automóvil enfiló raudamente por calle Paraguay hacia el sur.


Los familiares de Martín recibieron una carta donde exigían el pago de 150.000.- pesos para su rescate con vida. Sin dudas los delincuentes habían elegido bien a su víctima. Se trataba del hijo de Julio Martín, ex presidente de la Bolsa de Comercio y fundador de la yerbatera que llevaba su mismo apellido.


Cruce Alberdi


El 31 de enero a las 04:30, Alberto Julio Martín, hermano del rehén, efectivizó el pago del rescate en el Cruce Alberdi, cumpliendo con todas las exigencias de los secuestradores, mediante la entrega de un maletín con la mano izquierda sin mirar al que lo recibía. Las características de las consignas impuestas por los delincuentes, era muy similar a las que exigieron a los familiares de Andueza. El automóvil debía ir con la capota y el parabrisas plegados, más un pañuelo en el radiador.


El secuestro no fue denunciado, pero se filtró a la prensa en momentos en que todavía no se sabía nada sobre el destino corrido por el joven Abel Ayerza que había sido secuestrado por una banda mafiosa en la provincia de Córdoba en octubre de 1932.


Para tranquilizar a la población, el 1º de febrero Marcelo Martín salió a pasear por el Parque Independencia con su amigo Héctor Astengo, hecho del que se hizo eco la prensa.

Marcelo Martín


De esa manera, la señora Ángela J. de Martín, madre de Marcelo, cumplió con lo prometido; Si su hijo salía indemne del secuestro, donaría a la ciudad de Rosario una maternidad, hecho que se concretó el 8 de julio de 1939 cuando se inauguró la “Maternidad Martín”.


La investigación


Recién a mediados de febrero de 1933, cuando la conmoción nacional por la muerte del joven Ayerza salió a la luz, la División de Investigaciones de Rosario convocó a todos los taxistas de automóviles Hudson, con la excusa de investigar algunos atentados perpetrados en la ruta a la ciudad de Santa Fe entre sindicalistas. De esa convocatoria solamente uno faltó. Se trataba de Gerlando Vinciguerra, de 26 años con parada en Tucumán y Corrientes, a escasos metros de la casa de la familia Martín.


Según la investigación, luego del secuestro de Martín, Vinciguerra entregó su automóvil Hudson a Luis Cacciatore en compensación de una deuda. Antes de la entrega del rodado, lo llevó a un taller de pintura para que le cambiaran el color aceituno por café, aunque negó ser el propietario del vehículo, según lo manifestado por los mecánicos Fortunato Castaggeroni y Francisco Rodríguez.


A todo esto, los investigadores tenían sospecha de que había complicidad entre los bandidos y la policía local.


La apuesta

Fue en la década del 50, cuando el gomero Rossi, más conocido como “El Loco Rossi”, inició un curso de piloto de avión. Ignoro quién fue su instructor, pero sé ciertamente que tomaba clases junto con uno de sus empleados, Luis Acosta quien posteriormente instaló su propia gomería. Según versiones, Acosta abandonó el curso cuando en un vuelo de instrucción casi se vienen a pique y se evitó una tragedia.  En cambio, Rossi continuó el curso y obtuvo su Licencia PPL (Piloto Privado de Avión). Entusiasmado, se iba hasta el aeródromo "La Victoria", que estaba ubicado en la curva de la ruta nacional N.º 8, alquilaba un avión y salía a volar.

Una noche, mientras compartía un asado con amigos y colegas gomeros, Rossi contaba entusiasmado la adrenalina que le producía hacer piruetas, ascensos y descensos con el Piper de Dante Bodo, personaje de las mismas características de Rossi. En eso estaba cuando surgió entre los presentes una apuesta. La finalidad era comprobar hasta qué punto el "Loco" era capaz de consumar sus habilidades aéreas de las que tanto se jactaba.

- “Te juego un asado para todos los presentes, a que no te animás a pasar debajo del Molino Fénix” -desafió el apostador.

Todos guardaron silencio por unos instantes mientras el “Loco” meditaba su respuesta.

- “¡Dale!” –dijo por fin y aceptó el desafío, aunque condicionó a que fuera después de la jornada laboral, que hubiera buen tiempo y no se divulgara la apuesta.

La fecha se concretó para un día del mes de febrero a las 20 horas. Ese día el "Loco Rossi" partió del aeródromo “La Victoria” y enfiló su vuelo hacia la ciudad.  Dio varios giros alrededor del establecimiento fabril para cerciorarse de que las condiciones eran aptas para la acción. Pasaron algunos minutos y de pronto, cuando menos lo esperaban los únicos espectadores convocados, el avión apareció del Noroeste y enfiló su vuelo rasante hacia el centro de las dos columnas, pasó por debajo del molino y tomó altura nuevamente.  Luego dio dos giros y saludó a sus amigos balanceando las alas del pequeño Piper.

Según comentarios, el asunto fue cuestionado por las autoridades gubernamentales y hubo quejas ante los mandos aeronáuticos, razón por la que el asunto no tuvo mayor trascendencia y quedó como que “acá no pasó nada”.

¿Verdad o bolazo?


El día que Neruda pasó por Venado Tuerto


Según versiones nunca confirmadas, en una ocasión Neruda y sus acompañantes almorzaron en el restaurante “La Choza”.

No hay fecha precisa sobre el paso de Pablo Neruda por Venado Tuerto, pero sabemos que lo hizo en repetidas ocasiones en sus viajes entre Buenos Aires y Villa del Totoral (Pro. De Córdoba), donde residió en la estancia del Dr. Rodolfo Aráoz Alfaro durante los años 1955/1957.

La historia es que Neruda pasó por estas pampas. El actor chileno Lautaro Murúa (29/12/1926-03/12/1995), da cuenta de ello al decir que “cuando nos aproximábamos a la Provincia de Córdoba, nos recibió una invasión de mariposas. Millones de alas blanquiamarillas poblaban el aire. Se trataba de las mariposas del lino, cuya vida se prolonga desde el amanecer hasta el ocaso”.

Según comentó el actor que acompañaba a Neruda en esa travesía: "Esa misma tarde, Pablo escribió una “Oda a la Mariposa” y otra “Oda a la Corzuela Cordobesa”. Ambas las hizo imprimir en la misma imprenta del pueblecito en la que se editaban los programas del cine local y exactamente con igual tipografía que la empleada para éstos. A Rodolfo y a mí nos dedicó sendos ejemplares, aunque por desgracia yo no conservé el mío ya que, al llegar a Buenos Aires, no me quedó más remedio que regalárselo a mi cuñado, a quien Pablo enviaba siempre el primer número de todas sus ediciones”.

Más adelante Murúa recuerda: “Hace años que conozco este poema donde Venado puso las mariposas y me parece paradójico e ilógico que aquellas mariposas de las que Neruda fue testigo ya no estén. Es una pena”

¿Mito, verdad o bolazo?

Nota: Rodolfo, de quien hace referencia Lautaro Murúa, presumo que es el hermano de Neruda, Rodolfo Reyes.


Pero un día
sobre el camino
volaba otro camino.
Eran las mariposas de la pampa.
Galopábamos desde
Venado Tuerto
hacia las alturas
de la caliente Córdoba.
Y contra los caballos galopaban
las mariposas,
millones de alas blancas y amarillas,
oscureciendo el aire, palpitando
como una roja que nos amenazaba.
Era espesa
la pared
temblorosa
de polen y papel, de estambre y luna,
de alas y alas y alas,
y contra
la voladora masa
apenas avanzaban
nuestras cabalgaduras.


Noches de Romeos y Julietas

El sábado 19 de mayo de 1928, contrajeron matrimonio Carlos Garbarino y Josefina Fallon. Según versiones orales (nunca desmentidas) dicen que esa noche mientras se desarrollaba la fiesta de bodas en la casa de la familia Fallon, la hermana de la novia, Brígida Fallon, se fugó con su pretendiente.

Antigua casa (hoy derrumbada) sobre calle Marconi detrás
de la Iglesia Evangélica Metodista

Los Fallon vivían en calle Marconi 759, lindante a la Iglesia Evangélica Metodista, en una casa muy señorial donde hoy se levanta una edificación moderna. Según se rumoreaba, Brígida arrojó sus maletas por sobre el tapial lindante a la Iglesia, donde la esperaba su Romeo: Leandro Long.

Debió haber habido alguna razón muy fundada para que la joven pareja tomara tan audaz decisión, lo que hace suponer que Leandro no era admitido por la familia Fallon. Las mismas versiones indican que, esa noche al notarse la ausencia de Brígida, todos los presentes comenzaron a inquietarse, excepto doña María Catalina Downes Vda. de Fallon, que mantuvo su compostura de anfitriona distinguida, lo que permitió que la fiesta continuara como si nada.

Tal vez una de las razones por la que la familia Fallon no admitía a Leandro, haya sido su pertenencia a la religión protestante, una causa muy arraigada que impedía formalizar casamientos entre personas de distintas creencias religiosas. Años más tarde comenzaron a admitirse estas uniones si se efectuaba la ceremonia bajo los ritos de ambas iglesias. Muchos abandonaron su religión para casarse con quien pertenecía a otro credo, pero a éstos se los rotulaba como “apóstatas”, un calificativo que, por cierto, no es muy grato. Todo este enjuague originaba fuertes disputas familiares, cuando debía ser todo lo contrario. Por fortuna estas creencias ya son historia.

Mas tarde Brígida y Leandro formalizaron su unión matrimonial y tuvieron un hijo: Conrado, apodado “El Conde”.

“El Conde Long” fue un personaje popular en Venado Tuerto, y célebre por sus correrías chineteras. Era habitué de reuniones de alto nivel social, como de piringundines de la más baja estofa. No le hacía asco a nada. Cuando se armaba algún despelote en cualquiera de esas esferas, seguro que ahí estaba “El Conde”. Un genuino playboy de los años 40/50.

Ya entrado en años, “El Conde” fue protagonista de una desopilante reyerta que sobresalió de la infinidad de trifulcas que lo tuvieron como protagonista.

En la calle San Martín al 300 (numeración impar) vivía un profesor del Colegio Industrial, padre de dos hijas. Cuando falleció el matrimonio, las hijas instalaron un negocio que regenteaban personalmente.

Una noche las chicas, invitaron a sus parejas a una cena íntima en su casa. El pretendiente de la mayor era el Cura Párroco de San Eduardo Dino Marcelo Massiero y “El Conde” flirteaba con la menor. La reunión comenzó de lo mejor y todo era armonía y jarana, hasta que el calor del vino y el whisky de sobremesa alteraron los ánimos y se desató una feroz discusión entre los muchachos hasta llegar al pugilato. Aparentemente las mujeres no podían detener el combate y no se sabe cómo o quién avisó a la policía que se los llevó a los dos detenidos.

El cura párroco local, Ernesto Borgarino, al enterarse de lo ocurrido se fue hasta la comisaría para interiorizarse de la situación de su congénere. Dicen que allá lo encontró a Dino con un magullón en uno de sus pómulos que trataba de aliviar con una toalla mojada.  Reconfortado por el buen pastor, el clérigo pugilista confesó sus miserias humanas y pidió absolución.

A todo esto, las damas de la parroquia, escandalizadas (como siempre) por lo ocurrido, despellejaron a Borgarino por haber ido a visitar al sacerdote detenido. Borgarino no dio respuesta alguna (no tenía por qué darla tampoco) porque simplemente cumplió con su misión, conforme a los mandatos evangélicos. Mandatos que muchos “cristianos” de cualquier religión todavía no hemos aprendido y mucho menos practicado, pero lo que sí aprendimos es a levantar el dedo acusador.

El Padre Massiero abandonó su ministerio y contrajo matrimonio con su novia. “El Conde”, como no podía ser de otra manera, continuó vagando y a los tumbos.


El rebelde Padre Dunphy


Entre el 14 y 18 de septiembre de 1949 se desarrolló en la Parroquia Inmaculada Concepción de Venado Tuerto una misión a cargo de los padres de la Congregación Pasionista Víctor O’Carolan y Celestine Butterly, ambos originarios de Irlanda.

Por razones circunstanciales, se encontraba por esos días en Venado Tuerto el exsacerdote José María Dunphy Harrington, que había sido apartado de su ministerio por la jerarquía eclesiástica, que era presionada por el gobierno de Juan Domingo Perón a raíz de las encendidas prédicas del sacerdote contra el gobierno peronista, al que consideraba dictatorial.

En reiteradas ocasiones el sacerdote fue convocado por sus superiores para que revea su actitud y volver a ejercer su ministerio. Pero el clérigo, fiel a sus principios y a los del evangelio, no aceptó retractarse y sostuvo que nada lo haría cambiar de actitud, por cuanto él consideraba que sus denuncias eran fundadas. Ante su perseverancia, fue silenciado e inhabilitado para ejercer el sacerdocio por la cúpula eclesiástica.

Cuando el P. Víctor se enteró de la presencia de Dunphy en la ciudad, de inmediato le pidió a mi padre que lo llevara hasta la casa del señor Cecilio Quiroga, un conocido martillero de la ciudad y activo dirigente de la Unión Cívica Radical. Quiroga le había dado a Dunphy alojamiento en su casa familiar mientras durara su permanencia en la ciudad, lo que posibilitó al dirigente radical de presentarlo a sus amigos y correligionarios, quienes estaban interesados en conocer a este cura por sus valientes denuncias contra el corrupto régimen peronista, y del que tanto se hablaba en los medios políticos a través de los panfletos que circulaban entre la oposición.

Fue así como mi padre lo llevó al P. Víctor hasta el domicilio del señor Quiroga de calle Pellegrini y en cuyo interior el P. Víctor permaneció alrededor de una hora. Cuando se retiraba, lo hizo acompañado por un hombre de gran prestancia: alto, delgado, de cabellos blancos y riguroso traje negro; era el Padre José María que despedía al visitante con afecto.

El P. Víctor siempre se jactaba de haber exorcizado a muchas personas "poseídas", pero esta vez se sintió frustrado; no había logrado que el Padre Dunphy se retractara ante sus superiores para reintegrarse al ministerio sagrado. La suerte estaba echada, Dunphy jamás revocaría sus dichos. Su integridad personal y su fidelidad al Evangelio así se lo dictaban.

NOTA: Pablo Botto Dunphy (1.4.1.1.) cuando vino a visitarme (1997) en busca de datos sobre sus ancestros, me hizo un comentario interesante sobre su tío abuelo José María que, siendo sacerdote, solía reunirse con amigos en la casa de Ernesto Sábato en Santos Lugares. Allí, además de analizar la situación sociopolítica del país en reuniones secretas, se armaban partidas de truco que duraban hasta pasada la medianoche.

Ver genealogía DUNPHY/HARRINGTON en:

https://genealogiairlandesa.blogspot.com/


Tragedias


Aciago Viernes Santo 1936


Calle Estados Unidos 670 (hoy Pte. Perón). En esta casa, en el año 1936, se desató una tragedia.  El morador de la vivienda era don Juan Arregui, quien, como buen vasco, era lechero.

El Vasco Arregui, como se lo conocía popularmente en el barrio, había enviudado cuando sus hijos eran todavía niños: Juan, Miguel y Adelina. Tal vez ésta haya sido la razón por la que volvió a casarse, esta vez con una mujer francesa.

Según versiones de los vecinos de aquellos años, la francesa era mujer de pocas pulgas y, sobre todo, muy celosa

El 10 de abril de 1936 era Viernes Santo y el día se presentó muy lluvioso. Como lo hacía habitualmente, el vasco regresó a su casa después del reparto de leche domiciliario y se sentó a la mesa a almorzar. En eso estaba cuando su mujer, sin mediar palabra alguna y con frialdad pasmosa, apuntó el revólver en la nuca y le disparó un tiro a quemarropa. Herido de muerte, el hombre se desplomó envuelto en sangre.

Un familiar de don Arregui de apellido Hernández que vivía en Rio IVº se hizo cargo de la crianza de los niños. Muy pocos eran los que sabían que este hombre era tío de los huérfanos, mientras que los más jóvenes siempre creímos que era el padre. Con el pasar de los años supimos la verdadera historia de la tragedia que envolvió a la familia Arregui.


Muerte en el rancho


Mi padre escribe en su diario: “(sábado) 11 de enero de 1947: La señora de Roldán fue encontrada muerta en su rancho. Suponen que fue asesinato”.

En la esquina de Uruguay y Tucumán, vivía el matrimonio Roldán. Esa mañana los vecinos se extrañaron de no verlos, ya que era normal que don Roldán (que sufría una deficiencia mental y caminaba con mucha dificultad) solía estar sentado a la sombra de un frondoso sauce, mientras su esposa se ocupaba de los quehaceres domésticos. Un chico del vecindario abrió la ventanita del dormitorio y se llevó la gran sorpresa: La señora estaba tendida en la cama con las sábanas ensangrentadas. El marido, imposibilitado de levantarse por sus propios medios, estaba en la otra cama haciendo movimientos desesperados. (Hecho relatado en “Mi barrio ‘atrás’ de la vía”)


Accidente fatal


Cuando en Venado Tuerto la circulación de motocicletas era muy reducida dado el exiguo parque automotor de estos rodados, se produjo un accidente fatal para el conductor de la moto. Tal vez -no lo aseguro- haya sido el primer accidente motociclístico fatal del siglo XX en nuestra ciudad. 

El lamentable suceso tuvo como protagonista a un joven de apellido Picapietra y ocurrió el 22 de diciembre de 1958.

Entre las 22:30 y 23:00 horas un empleado de la firma Sarbach & Cia. de apellido N.Wilson,  al mando de una chatita Ford modelo 32 propiedad del taller mecánico y acompañado por N.Longoni, también empleado de la firma Sarbach, tuvo una colisión con una motocicleta guiada por N. Picapietra. El accidente se produjo en la intersección de avenidas Mitre y Casey. El conductor de la chatita avanzaba por Casey desde Alvear y al llegar a Mitre giró a la izquierda y el motociclista que avanzaba por Casey hacia Alvear se estrelló contra la chatita y le produjo la muerte instantánea. El conductor de la chatita quedó detenido y el 24 de diciembre fue liberado. Su defensor ante los tribunales de Melincué era el Dr. Luis Ditieri. 


Miguel Creus


El 26 de diciembre de 1962 Venado Tuerto amaneció con la noticia de un hecho trágico acaecido en la ciudad de Firmat.

Sobre las vías del ferrocarril, fue hallado sin vida el joven venadense MIGUEL CREUS, de 27 años.  No hay crónicas que comenten el hecho, pero se sabe que fue asesinado.

Las versiones difundidas en aquellos años indicaban que había sido ultimado por una persona de apellido Sanchez con quien había efectuado una transacción comercial por la compra de una motocicleta de colección, por cuyos rodados   exóticos Miguel tenía afición.

Miguel Creus había nacido en Venado Tuerto el 9 de septiembre de 1935 y cursó sus estudios en la Escuela de Educación Técnica (Colegio Industrial) del que egresó en el año 1955. Hijo de Ubaldo Creus, propietario junto a su hermano Eduardo de la legendaria “Farmacia Roca” de calle San Martín e Iturraspe. Los restos de Miguel descansan en el cementerio de Venado Tuerto donde hay una placa que reza: “26-12-1963 En tu memoria, tus condiscípulos Promoción 1955 Escuela Nacional de Educación Técnica”.


Un fatal 19 de abril de 1959


Ese domingo infausto se produjo el accidente que costó la vida a varios vecinos de Venado Tuerto. Fue al finalizar la Vuelta de Santa Fe de TC frente al Tiro Federal. La carrera la ganó Dante Emiliozzi, 2º Carlos Menditeguy, 3º Juan Carlos Navone y 4º Marcos Ciani. Cuando llegó Ferrario se llevó por delante a la gente que todavía estaba sobre la ruta y produjo 8 muertes e hirió a otras 3 personas.  

Entre las víctimas estaba Alfredo José Busso “Pochi” QEPD

A este chico lo conocí cuando iba a la casa de sus tíos Fernandez/Busso que vivían a la vuelta de nuestra casa sobre calle Uruguay.  Entonces entablamos una linda amistad que recuerdo con afecto.

Según Juan Carlos Allovatti, que vivía en el vecindario de la familia Busso en San Martín casi Dean Funes, a Alfredo le decían “Buseca”, sobrenombre para mí desconocido. Tampoco sé el porqué del sobrenombre, pero supongo que debe estar relacionado con el guiso de origen italiano.

Alfredo era un chico muy dócil, lo que comúnmente llamamos “Un Pan de Dios”. No era posible pelearse con él.

La muerte lo sorprendió ese aciago domingo 19 de abril de 1959 cuando tan sólo tenía 13 años. Un recuerdo para “Pochi”, como lo llamaban sus familiares, y a través de él a todas las víctimas que enlutó a Venado Tuerto.

Curiosamente 22 años más tarde, el 1º de enero de 1979, perdieron la vida en la ruta 8 a la altura de Arias (Cba), su hermano Jorge de 25 años y su primo Alfredo Fernández Busso de 22 años, y nuevamente la familia Busso se vio acongojada por otra tragedia.


Explota una granada


Mi padre escribe en su diario: “(lunes) 7 de octubre de 1946: Una granada de mano explotó en la casa de la familia Belforte de calle San Martín y mató a una niña de 14 años e hirió a otras personas”.

Se trataba de Aidée Angaramo Belforte, cuya trágica muerte consternó a la comunidad de Venado Tuerto.

Años más tarde tuve la oportunidad de conocer a los padres de Aidée, cuando trabajaba en la Cooperativa de Electricidad. Entonces el matrimonio vivía en calle Mitre 1087, a metros del ICES. Eran personas muy afables y conversadoras. En cierta ocasión me contaron del accidente que le costó la vida a su hija, pero no recuerdo los pormenores por cuanto traté de no hacerles revivir un hecho tan doloroso.

La tragedia se produjo cuando un integrante de la familia, que era militar o soldado en servicio, estaba en la casa en uso de licencia, y había traído consigo una granada de mano, que negligentemente quedó al alcance de la niña.

Un recordatorio en el panteón familiar expresa: “AIDEE ANGARAMO / BELFORTE: Hija, que fuiste nuestro amor y consuelo abnegada, bella y bondadosa desapareces sin que el cariño acendrado de tus padres haya podido arrebatarte a la muerte. 1-4-1932   7-10-46” (sic)


Coche bomba


Si repasamos las pesadillas que vivimos los argentinos durante la década del 70, hoy nos parecen ficción. Hay sectores sociales que se esfuerzan en hacernos creer que estamos reviviendo aquella época de la “juventud maravillosa”, lo que está muy lejos de repetirse. Los pibes de hoy no son “engrupibles”, para usar un término gráfico. Los jóvenes saben que con la democracia es posible avanzar hacia una sociedad mejor, sin necesidad de usar la violencia, aunque algunos "politiqueros" y medios de comunicación hacen su agosto utilizando hechos violentos puntuales para hacernos creer que todo el país está en llamas.

Sobre esos años hay mucho para contar y analizar, pero no vamos a entrar en esos detalles porque quiero relatar la tragedia que protagonizó un joven de Venado y que tal vez muy pocos recuerden.

Fue el domingo 8 de septiembre de 1974, cuando Víctor Hugo Codemo de 30 años murió carbonizado en la ciudad de Rosario. El hecho ocurrió mientras transportaba en un automóvil junto a dos compañeros, explosivos de manufactura casera para la organización Montoneros. Víctor Hugo era vecino de Venado Tuerto (Azcuénaga 1280), y estudiaba Trabajo Social en la Universidad Nacional de Rosario. Un parte de guerra de Montoneros reivindicó la muerte de estos chicos por haber “ofrendado sus vidas con elementos precarios e ingenio casero de la resistencia”. Así, brutalmente justificaban esta irracional muerte que sorprendió a estos muchachos antes que a sus víctimas.

Los restos de Víctor Hugo fueron velados en su casa familiar de calle Azcuénaga y esa noche el barrio era un hervidero. Había mucha gente joven y algunos adultos, entre ellos el cura tercermundista Ángel Presello, que en 1954 fue capellán del Colegio Sagrado Corazón de nuestra ciudad y luego director espiritual de un sector de estudiantes universitarios que residían en pensionados de Rosario ligados a la iglesia.  Este cura fue responsable de la muerte de muchos jóvenes que mandó al frente, mientras él se guarecía en la sacristía o escudado por la santidad de los altares. Un perfecto hipócrita.

Algunos asistentes al velatorio circulaban en ronda continua, mientras otros se reunían en grupos conversando sigilosamente y cada tanto se auto arengaban gritando consignas de muerte y venganza por la muerte de Víctor Hugo. Años más tarde, un integrante de una de esas células clandestinas me comentó que esa noche los muchachos estaban armados hasta los dientes y dispuestos a enfrentarse con la policía ante una posible redada.

Los padres de Víctor Hugo era gente muy humilde y de profunda fe religiosa. Dedicaban todo su esfuerzo para que su hijo se educara y adquiriera una profesión que le permitiera tener un pasar mejor al de ellos.  Fieles a sus creencias, guardaron silencio y se refugiaron en la oración. Consumieron sus vidas envueltas en el dolor por el hijo muerto.

Víctor Hugo (RIP) murió creyendo cumplir con los postulados evangélicos. Toda una entelequia inculcada por mentes enfermas de mesianismo como la del cura Ángel Presello.


Blanco y Negro


Cecilio Ignacio Quiroga fue un prestigioso Martillero y Corredor Público Inmobiliario de Venado Tuerto. Tenía una habilidad extraordinaria de convencimiento y una espontaneidad para el retruque que lo hizo famoso no sólo en el ámbito de su actividad, sino en las distintas esferas de participación comunitaria. Don Quiroga era morocho, o como él mismo se describía “negro”, alto, de cabellos canos y anteojos como fondo de botella. Siempre vestía ropa clara y sombrero panamá. Era activo militante político afiliado a la Unión Cívica Radical.

Tenía un salón de remates en la esquina sur de calles Rivadavia y 3 de febrero. Tal vez haya tenido otros locales, pero yo particularmente recuerdo ese lugar porque era el paso obligado que teníamos cuando íbamos y volvíamos del centro.

Mi viejo, que siempre andaba buscando herramientas o cacharros de bajo precio que luego reparaba para hacer trabajos manuales en casa, me llevó un domingo a presenciar un remate. Seguramente andaría hurgando por alguna herramienta usada que fuera barata. En eso estábamos cuando el rematador sacó a la venta un sombrero de mujer por el que nadie hacía ofertas, entonces le dijo a su secretario “Anotámelo a mí, se lo voy a regalar a una de mis hijas, le va a encantar” No llegó a terminar la frase cuando desde el público se oyó: “¡Hey, negro, te doy veinte pesos por el sombrero!” Quiroga haciéndose el que no lo veía preguntó: “¿Quién hace la oferta”? mientras giraba la vista a derecha e izquierda. “¡Acá negro!” gritó el oferente alzando el brazo. “¡Ah! Sí, ahora te veo, y te voy a decir algo: Yo soy negro pero parejo, no como vos que sos blanco y tenés el culo negro”. Todos los presentes irrumpieron a las carcajadas y el blanco, tras morder el anzuelo, se llevó el sombrero por 20.- pesos.

Así de espontáneo y sarcástico era Cecilio Ignacio Quiroga.


Catalina, una belleza singular


Conocí a Eduardo Fleming y a su esposa Lucy, padres de Catalina, en ocasión del 1º Encuentro Nacional Argentino Irlandés realizado en Venado Tuerto el 12 de octubre de 1968. Ignoro si Catalina asistió al evento.

En la década del 70 cuando trabajaba en la Cooperativa de Electricidad como recaudador domiciliario, tuve la oportunidad de conocer a Catalina Fleming- Recuerdo que cuando llamaba a la puerta de Avellaneda 1166, (la vivienda todavía conserva la misma fachada) Catalina me atendía por la mirilla, nunca abría la puerta. Tengo en mi memoria sus ojos azules transparentes que delataban una belleza singular; entonces no sabía que se trataba de la hija de don Eduardo Fleming.

Catalina contrajo matrimonio con el Ingeniero Carlos María Araya, que trabajaba en el área técnica de la secretaría de Obras Públicas de la Municipalidad de Venado Tuerto durante la gestión del señor Antonio Garnier, cuyo secretario de Obras Públicas era el señor José Sáenz.  En 1983 Sáenz fue electo concejal de la ciudad y entre otras cosas me comentó sobre el Ing. Araya para quien tuvo conceptos elogiosos. Sobre su participación en la política, si bien sabía que simpatizaba con el peronismo, nunca supo de su militancia Montonera. Se enteró de su filiación años más tarde en plena dictadura, cuando los medios de comunicación pedían su captura.


¿Quién era Catalina Fleming?


Nació en Rosario, en una familia de clase media y padres de origen irlandés. En el libro “Fernando Vaca Narvaja, con igual ánimo”, que escribió su hijo Gustavo con Fernando Frugoni, se lee: “No pasa inadvertida. Donde ella está, las miradas de todos los hombres convergen como una rutina. Ella es delgada, alta, de piernas cinceladas y perfectas, su cabello casi rozando la cintura. Su mirada llena de vida y hasta de picardía”. Hablan con propiedad, con conocimiento de causa, ya que Catalina fue la cuñada de Fernando. Su belleza era tal que en su adolescencia fue modelo de algunas propagandas que se pasaban por los canales 3 y 5 de Rosario. Cuidando al mejor amigo de su novio en un postoperatorio se da cuenta que se está enamorando de él, y 6 meses más tarde contraen matrimonio. Catalina Fleming de 19 años, contrae matrimonio con el ingeniero Carlos María Araya.
Ambos eran peronistas y militaban en Montoneros. Catalina tomó parte del Rosariazo y más tarde en Venado Tuerto, provincia de Santa Fe, fundó la primera guardería integral que cubría las necesidades de las madres y sus pequeños en un barrio humilde. Era una mujer con tantas agallas que cuando su marido Carlos María cayó preso en la dependencia de la Policía Federal de Rosario durante la dictadura de Lanusse, ella lo rescató. Se presentó en la dependencia policial llamativamente vestida, le hizo el “entre” al guardia y cuando éste mordió el anzuelo, le apoyó una 45 en la cabeza, le sacó las llaves de la celda, liberó a su marido y dejó al policía esposado con la boca tapada. Afuera los esperaba un coche con dos compañeros, los cuatro se retiraron sin despertar sospechas. Carlos María y Catalina decidieron irse a Corrientes, ya que luego de la fuga eran buscados por todo el país. Finalmente, ambos fueron secuestrados en una cita de rutina “envenenada” el 9 de junio de 1977. Catalina llegó muerta ya que pudo tomar la pastilla de cianuro. Carlos María fue torturado y asesinado.

GENEALOGÍA DE LA FAMILIA FLEMING / MARTIN 


1. Eduardo Fleming. Residente en la ciudad de Rosario, PStaFe. Presidente de la Asociación San Patricio de esa ciudad. Contrajo matrimonio con Lucy Martin. Padres de:

1.1. Patricio Alfredo Fleming Martin. Contrajo matrimonio el 08 de enero de 1972 en Pergamino con Elsa Cristina Ricci. Padres de:

1.1.1. Patricio Miguel Fleming Ricci.
1.1.2. María Catalina Fleming Ricci.

1.2. Alberto Fleming y Martin. Contrajo matrimonio con Norma Niveiros. Padres de:

1.2.1. Felipe Fleming Niveiros.
1.2.2. Juan Fleming Niveiros.
1.2.3. María Fleming Niveiros.
1.2.4. Ignacio Fleming Niveiros.

1.3. María Josefa Fleming Martin. Contrajo matrimonio con Fernando Vaca Narvaja. Padres de:

1.3.1. Gustavo Vaca Narvaja Fleming.
1.3.2. Susana Vaca Narvaja Fleming.
1.3.3. Camilo Vaca Narvaja Fleming. Constituyó pareja con la hija de la presidente argentina Florencia Kirchner Fernández. Actualmente separados. Padres de:

1.3.3.1. Helena Vaca Narvaja Kirchner. Nació el 23 de agosto de 2015.

1.4. Catalina Fleming Martin nació 17 de febrero de 1950 y falleció el 09 de junio de 1977. Contrajo matrimonio en agosto de 1970 en Rosario con el Ingeniero Civil Carlos María Araya Echesortu. El matrimonio Araya vivió en Venado Tuerto en la década del 70 y habitaban una casa en calle Avellaneda. Padres de:

1.4.1. Dolores Araya Fleming.
1.4.2. Jorge Araya Fleming.

1.5. Eduardo Fleming Martin.


NOTA: No hay certeza del orden cronológico de la familia Fleming/Martin. Solamente se tiene el dato de que Catalina era la cuarta en el orden familiar.

La Policía Federal irrumpe en casa rural en San Eduardo


Sucedió en el Distrito San Eduardo a mediados de 1955, cuando el gobierno de Juan Perón entró en crisis y se desató la cacería de brujas.

Los hermanos Juan Carlos y Luis Amadeo Cardoso, tristemente célebres torturadores, fueron comisionados por el gobierno nacional a través de la “Oficina de Control del Estado” para rastrear a los “enemigos del pueblo”. Con esa orden llegaron a la Provincia de Santa Fe. En esos días en Rosario, tuvo lugar la primera desaparición de persona. El médico Juan Ingallinella fue detenido por la policía el 17 de junio de 1955 y murió cuando lo torturaban. Su cuerpo nunca apareció y el hecho tuvo gran repercusión nacional. En esos días también hubo allanamientos y detenciones en gran escala en la ciudad de Santa Fe. Entre los detenidos estaban el Dr. en Química Horacio Damianovich y su esposa Estela Downes Rourke, hija de Lorenzo Downes Heffernan de Venado Tuerto. Fueron acusados de conspirar contra el gobierno. A raíz de estas detenciones, los “investigadores” siguieron la ruta familiar de la esposa, a la que vincularon con nombres conexos que figuraban en las tristemente célebres listas negras de las que nuestra ciudad no estaba exenta. Instalados sigilosamente en esta zona, una noche irrumpieron en una vivienda rural del Distrito San Eduardo, donde sus moradores tenían activa participación en la vida comunitaria del pueblo a través de su vinculación con la parroquia. Los agentes policiales inspeccionaron cada rincón de la casa, y se supone que nada de lo inquirido fue encontrado porque se retiraron sin dar explicaciones. Nunca se supo qué investigaban, pero se supone que buscaban elementos que probarían alguna vinculación con los opositores al gobierno que imprimían sus panfletos con mimeógrafos.


Historias vinculantes


Michael Fox Kearney, nació en 1855 en Co. Westmeath, Irlanda. Cuando emigró a la Argentina se radicó en Firmat, PStaFe y falleció el 1º de julio de 1922. El 07 de mayo de 1878 contrajo matrimonio en la Iglesia San Francisco, de Rojas, PBsAs, con Brígida Burke Payne, que nació en la Argentina en 1861 y falleció el 09 de marzo de 1918 en Melincué, PSFe.

En 1915, unos meses antes que mi padre emigrara a la Argentina, Michael Fox junto a su familia regresó a Irlanda de visita. Casualmente Miguel Fox (h) estaba correteando en bicicleta por el vecindario cuando se le rompió la bici y mi padre la reparó para que pudiera continuar su periplo. Fue en ese entonces que Miguel y mi padre se conocieron (1915).

También mi viejo conoció en ese entonces a toda la familia Fox que vivía en el vecindario de Multyfarnham y por supuesto a la joven Delia. Recuerdo que describió a esta familia como “well-off family”, vale decir, de buena posición económica (acomodada). Tiempo después los Fox regresaron a la Argentina, pero Michael se quedó en Irlanda donde ingresó al seminario. En abril de 1926 se ordenó sacerdote en Roma y regresó a la Argentina en 1927. El Padre Fox y mi padre se volvieron a encontrar 40 años después en Venado Tuerto, cuando Miguel era párroco de la localidad de Alberti, Provincia de Buenos Aires.

Tal vez este segmento de la genealogía Fox/Burke ayude a comprender los lazos familiares que describo:

7. Michael Fox Kearney, nació en 1855 en Co.Westmeath, Irlanda. Se radicó en Firmat, PStaFe. Falleció el 01 de julio de 1922 en Pergamino, PBsAs. Casado en matrimonio el 07 de mayo de 1878 en la Iglesia San Francisco, Rojas, PBsAs, con Brígida Burke Payne, hija de John Burke y de Ellen Payne, nacida en la Argentina en 1861 y que falleciera el 09 de marzo de 1918 en Melincué. Fueron censados en 1895 en Rojas, PBsAs. Padres de:

7.1. Delia Fox Burke. Nació en 1887. Falleció el 12 de septiembre de 1941. Casada en matrimonio el 07 de marzo de 1916 en la Iglesia de la Santa Cruz, CBsAs, con Miguel Howlin Kane, hijo de Peter Howlin Feerly y de Kathleen Kane Daley.  Tuvieron 7 hijos, entre ellos Guillermo “Willy” Howlin Fox.

7.2. Miguel Santiago Fox Burke. Religioso. Amigo de Edward Wallace O'Reilly. Nació el 02 de noviembre de 1899 en Arrecifes, PBsAs. Fue con sus padres a Irlanda y allá ingresó a la vida religiosa, ordenándose en Roma el 03 de abril de 1926, siendo a su vuelta a la Argentina en 1927 cura de Alberti, PBsAs, y en 1937 de Vacarezza. Estudio Teologia en San Jose de Eva Peron (1938-1951). Fué cura encargado de Saliquelo (Parroquia) y secretario privado del Obispo de Mercedes, Monsenor Anunciado Serafini. Capellan honorario de la Inspectoria de Menores de la Ciudad. Falleció el 13 de junio de 1978 en Alberti, PBsAs.

En marzo de 1916, Delia Fox, la hija mayor de la familia, contrajo matrimonio con Miguel Howlin Kane, residente en la zona de Venado Tuerto. Relatos orales de familia, dicen que un día mi padre iba en sulky a San Eduardo con "Minnie" Rourke (la casamentera de la comunidad) a visitar a su pretendida allá por 1924 y en el camino se cruzaron con el matrimonio Howlin que lo hacía en un carromato desvencijado. Como era costumbre, los viajeros hicieron un alto en el camino para mantener una breve conversación e intercambiar saludos. Mi padre quedó atónito cuando vio las carencias de la familia. Los niños con vestimentas ajadas y la mujer, Delia, de quien guardaba una imagen de belleza única, la notó triste y desconsolada. No era la misma que él recordaba en Irlanda.

Años más tarde el Padre Fox, cuya situación económica familiar era holgada, hizo que los hijos de Delia adquirieran una buena educación en el Instituto Fahy. Guillermo “Willy” Howlin fue uno de ellos y tuvo gran participación en los eventos de la comunidad irlandesa en la ciudad de Buenos Aires. Además, integró el grupo de fundadores de la Asociación Ex Alumnos del Fahy, hoy denominado “Fahy Club” con sede en Avda. Congreso 2931. También fue propietario de un hotel/confitería muy nombrado y ubicado en pleno centro de la CABA.

Willy contrajo matrimonio con una hermana de los tristemente recordados hermanos Cardoso, denunciados como torturadores y jefes de los grupos encargados de las detenciones durante el primer gobierno peronista. Este hecho fue la comidilla de la comunidad, porque se decía entonces, que el allanamiento producido en la zona rural de San Eduardo estaba dirigido por los hermanos Cardoso. Ironías de la historia.


El guardaespaldas de Perón


Y ya que estamos en San Eduardo, digamos que también este pueblo tuvo como huésped a un personaje nefasto en la década del 50. Después del derrocamiento del gobierno de Perón, se instaló en la chacra de una familia croata Mile Ravlik, también conocido como Milosz Bogetich.

Mile Ravlic, nació el 15 de abril de 1919 en la pequeña localidad de Glavinja- Donja, en la región de Mostar. Sus padres lo enviaron a la escuela primaria de Imotski y a la secundaria de Sinj. En 1938 ingresó a la facultad de Agronomía de la Universidad de Zagreb, y se afilió al Partido Campesino Croata (cuyas siglas en croata son HSS), una organización de extrema derecha.

Cuando los nazis invadieron Yugoslavia en abril de 1941, dividieron el país y crearon el “Estado Independiente Croata” para instalar un gobierno colaboracionista dirigido por Ante Pavelic (30). Fue un momento crucial para los croatas: unos pasaron a la clandestinidad y se incorporaron a la resistencia encabezada por Josip Broz Tito, otros se convirtieron en funcionarios y agentes del fuhrer local a través del “poglavnik Pavelic”, literalmente: “Jefatura de Pavelic”. Mile Ravlic dejó sus estudios y comenzó a trabajar en el Ministerio del Interior, a las órdenes del criminal de guerra Andrija Artukovic (extraditado en 1986 de los Estados Unidos después de un largo proceso, bajo la acusación de genocidio contra 700 mil civiles).

Milosz Bogetich (Mile Ravlik), fue un personaje clave en los últimos años de vida de Perón. Apareció repentinamente en Puerta de Hierro a principios de la década del 70, se incorporó al círculo de amistades del general, asumió la jefatura de su custodia y escolta y consolaba a Isabel Martínez. Alto, elegante, siempre bien vestido, Bogetich hablaba poco en público, pero —cuando lo hacía— era para repetir la misma frase: “Yo siempre le digo al general que hay que eliminar a los bolcheviques...”

En 1972 viajó con Perón de Madrid a Buenos Aires y se alojó en la residencia de la calle Gaspar Campos. Permaneció siempre en un ángulo oscuro, detrás de Perón, a un costado de Isabel. Era un enigma: un curioso desconocido del que nadie sabía nada a ciencia cierta, ni siquiera los dirigentes que más frecuentaban Puerta de Hierro

Este es el personaje que fue visto cabalgando mansamente por los campos de San Eduardo.


Un inquilino muy particular


El Dr. Eduardo Rojas Molina fue un brillante jurista que ejerció su profesión en Venado Tuerto. Vivía en Avda. Casey al 600, frente a los estudios de LT29, donde también tenía su bufete de abogado. Según sus colegas, sus escritos eran brillantes, escuetos y precisos. Otros prestigiosos abogados lo consultaban cuando se encontraban con asuntos muy complicados. Yo lo conocí personalmente cuando era el Asesor Legal del Sindicato de Luz y Fuerza, allá por la década del 60, y contrariamente a lo que sucedió con los profesionales que lo sucedieron en el cargo, él siguió viviendo en una casa alquilada y nunca amasó fortunas. No era adicto a los billetes y mucho menos de las cajas fuertes.

En la década del 50, durante el gobierno peronista, los alquileres fueron congelados y no era fácil proceder al desalojo de los inquilinos, aún si éstos no cumplieran con lo establecido en el contrato. Si bien los propietarios especulaban ante la falta de viviendas y cobraban alquileres desmedidos, ahora la situación era a la inversa, el inquilino pasó a abusar de su arrendador, y terminaba pagando sumas exiguas debido a la inflación. Tal vez esta descripción técnicamente no sea la correcta, pero en términos generales así se desarrollaban estos conflictos. Sin dudas, esto originó que mucha gente se despreocupara por obtener su vivienda propia ya que implicaba un ajuste presupuestario familiar, mientras que pagando un alquiler a precio vil (que ni siquiera cubría el costo del impuesto inmobiliario) les permitía vivir cómodamente en zona céntrica. Conocí a muchos empleados que siendo jubilados y habiendo cambiado el régimen de alquileres, terminaron viviendo en casas fabricadas a través de planes sociales, como lo fue el Barrio Cibelli, después de vivir el 70% de sus vidas en zona privilegiada. Algunos de ellos hasta se mostraban contrariados por tener que residir tan lejos del centro.

Volviendo al Dr. Eduardo Rojas Molina, como he dicho al inicio, vivía en casa alquilada. Por razones que desconozco, el propietario le inició juicio de desalojo, pero él se ajustó a derecho. A través de un profesional médico consiguió un certificado que le diagnosticó guardar cama para recuperarse de una determinada dolencia y en consecuencia el desalojo no pudo concretarse en su totalidad, por cuanto algunos muebles terminaron en la vereda, con tan mala suerte (para el dueño de la vivienda) que comenzó a llover y el mobiliario se deterioró.

Resultado: El propietario perdió el juicio y debió pagar los daños y perjuicios que originó su demanda.

El Dr. Rojas Molina falleció a causa de un accidente en ruta mientras conducía su automóvil. Se diagnosticó que había sufrido un desfallecimiento que produjo el percance. Hasta ese entonces habitó la casa que alquilaba en Avda. Casey.


Casamiento sin recuerdo para guardar


El día que se formalizó el casamiento de una pareja de La Chispa, en el pueblo se hizo una gran fiesta en el club social, al que concurrieron más de un centenar de invitados. No recuerdo puntualmente los nombres de los contrayentes, pero sí de haberlos conocido.

El acontecimiento fue celebrado con gran pompa, lo que denominaríamos de “alta gama” y el hecho novedoso fue la filmación de toda la celebración a cargo de un productor artístico que vino expresamente de Buenos Aires con una enorme cámara profesional y camarógrafo incluido. Según me dijeron, el productor era familiar de uno de los contrayentes.

En las décadas 1960/70 se había instalado la moda de filmar los actos sociales y, muy particularmente, las reuniones familiares, lo que les daba a los eventos un toque de distinción. Al menos eso era lo que se suponía por aquellos años.

El hecho es que esa noche el director artístico de la filmación le indicaba al camarógrafo dónde ubicarse, cómo hacer las tomas a lo largo y ancho del salón colmado de comensales. Así estuvo toda la noche de una punta a la otra acompañando a los novios que saludaban efusivamente a cada una de las personas ubicadas en mesas individuales. Luego vinieron el vals, las cintas de la torta, el ramo arrojado por la novia y toda la saga litúrgica que se practica en los casamientos.

Por fin el camarógrafo tuvo un momento de descanso y dejó la filmadora sobre uno de los bafles instalados a la par del escenario donde los músicos seguían dándole a la matraca y los bailarines saltaban embadurnados con nieve loca, serpentinas y papel picado.

Cuando llegó el momento del descanso y cada uno se volvió a su lugar para saborear la torta y el champán, el director ordenó al camarógrafo que tomara la cámara para hacerle un reportaje final a los flamantes esposos. Cuando el camarógrafo fue hasta el bafle donde la había dejado, se encontró con que ya no estaba.

En un principio creyeron que alguien la habría guardado en otro lugar para mayor seguridad, razón por la que comenzaron a preguntarles a unos y otros si la habían visto, pero nadie tenía una respuesta certera. Hasta el locutor de la orquesta hizo un llamado por el micrófono, pero nadie parecía haberla visto. Entonces comenzó una búsqueda desesperada por todos los rincones, hasta los más insólitos, pero la cámara no aparecía.

Resumiendo: Algún pillo fichó la cámara y en un descuido se alzó con ella. Hasta donde yo sé, nunca la recuperaron.

Otros fracasos de filmación y fotografías

Me han contado, y supongo que es verdad, que a mediados de la década 1960 cuando la fábrica de Cosechadoras Giubergia inauguró su nueva planta fabril sobre ruta nacional N.º 8, se llevó a cabo en las instalaciones una gran cena a la que asistieron autoridades a nivel nacional, provincial y local, además de gran cantidad de concesionarios, industriales, ruralistas y por supuesto, todo el personal afectado a la empresa. Diríamos que fue una megafiesta a todo trapo.
En ese acontecimiento, Don José Saina directivo de la firma, que era aficionado a la fotografía, se compró una cámara filmadora profesional expresamente para registrar el acontecimiento. En esetiempo había que tener cuidado de no olvidarse de sacar la tapa del teleobjetivo porque el visor estaba independiente del objetivo, razón por la que el camarógrafo podía ver lo que filmaba, pero no así el teleobjetivo porque estaba tapado.
Eso fue lo que le pasó a don José que filmó toda la noche con el teleobjetivo tapado.
Una lástima porque, según comentarios, se gastó varios rollos y no se pudo ver nada de lo captado.
Reitero que esto me lo han contado, no puedo aseverar de que sea verdad, pero no fue el único a quien le pasó este descuido, porque mi querido y recordado amigo Rodolfo “Cacho” Delahanty, profesional de larga trayectoria en el ámbito fotográfico, no pudo exhibir las fotos de un acontecimiento importante realizado en Venado Tuerto porque se olvidó de cargar el rollo. Esto sí lo afirmo porque “Cacho” me confirmó lo que le pasó, y si mal no recuerdo, fue cuando se realizó la clásica Vuelta de Santa Fe de Turismo Carretera, de gran auge en los años 50/60.


El automovilismo en Venado Tuerto


Continuando por avenida Laprida hacia el noreste, cuando llegamos a la cortada nos encontramos con un monolito que recuerda al corredor Lalo Destéfano.

Así publicó “El Orden”, Santa Fe, el 27 de julio de 1931la noticia del accidente que le costó la vida al corredor Lalo Distéfano. 

Se mató Lalo Destéfano

Estado actual del monolito
Un fatal accidente ocurrió en una carrera de autos que se disputó en Venado Tuerto
Un fatal accidente ha acontecido durante la disputa de la carrera automovilística por la copa París Giannini que se corría en el circuito vecino a esa ciudad.
Durante la prueba, en un brusco viraje, volcó el coche que conducía Lalo Destéfano acompañado por su hermano Domingo.
Lalo quedó exánime bajo su coche, y después de haber sido sacado del mismo y mientras era conducido a un hospital falleció sin haber recuperado el conocimiento.
Domingo Destéfano fue conducido al mismo hospital y a pesar de que en un primer momento su estado fue considerado gravísimo se sabe que ha reaccionado y no se teme por su vida.
El accidente se produjo en la sexta vuelta en instantes en que iba a iniciar el viraje por el que entraba a la recta del control encabezando el pelotón con varios minutos de ventaja sobre su perseguidor más próximo.
El Digesto Municipal del año 1940, en la página 262 publica el Acta Nº 48 de la Comisión de Fomento y en el artículo 3º) detalla la siguiente resolución: 
“En virtud de la petición formulada por los Obreros de la Chacarita del Automóvil de la firma Luis Salas, de Rosario, en la que solicita permiso para la colocación de una placa de bronce, recordatoria del trágico accidente automovilístico que le costó la vida al corredor Lalo Distéfano el 26 de julio del año en curso, acordar el permiso solicitado por ser un acto de evidente justicia en memoria del intrépido volante y hacer acto de presencia el día 29 del corriente, fecha destinada para la ceremonia, comunicándose a los peticionantes en nota de estilo”. 
Firman: José Pujol Casanovas (secretario) y Luis Chapuis (Comisionado de la intervención Nacional)
Lamentablemente, en un acto de vandalismo, la placa fue sustraída, razón por la que se colocó una lámina metálica rústica en reemplazo de la original, la que también sufrió depredación de inadaptados sociales.

¿Quién era París Giannini?


Posteriormente, según Acta Nº 50, de fecha 14 de diciembre de 1931 se aprueba el apartado 2º que dice textualmente: “Como ampliación al homenaje rendido al volante Lalo Destéfano, quien ya tiene un pedestal con placa recordatoria en el lugar del accidente a que se refiere el Acta Nº 48, 3º apartado: Denominar en lo sucesiva recta ‘Lalo Destéfano’ a la que ahora se llamó ‘La Elena’, quedando así cumplido en parte el justísimo homenajea tan destacado corredor.” (sic)

Del archivo del escritor Walter Minor rescatamos esta historia para compartir. Repasa la vida de París Giannini, cultor del ciclismo y el piloto de carreras más viejo y querido de su época. Nacido en Italia, París fue aquí y allá el amigo de todos.

París Giannini fue un carismático piloto de carreras en los albores del automovilismo nacional, nacido en Italia en el año 1873.

Cuando tenía apenas 15 años, en 1888, se embarcó junto con su familia hacia la Argentina y prontamente se estableció en Olavarría, localidad en la cual llegó a formar una empresa constructora que tuvo a su cargo -como obra saliente durante los años 1906 y 1907-, la demolición de la antigua casa sucursal del Banco Nación local, para levantar en ese mismo lugar una moderna edificación.

Sus hermanos, Juan y Luis, adquirieron el local de fotografía que pertenecía al pionero de la especialidad don Cornelio Aldasoro y fueron prestigiosos en el ramo.

Los hermanos Giannini fueron en Olavarría cultores del ciclismo, único deporte sobre ruedas que se practicaba en una ciudad que carecía de automóviles.

En 1915, París toma la decisión de volver a su tierra natal (Italia), dónde comienza a practicar el automovilismo deportivo en 1919. Para ese entonces contaba con 46 años.

Atraído por las primeras competencias que se realizan en Argentina, decide volver en 1920 y se afinca en la ciudad de Mercedes. Allí arma un Studebacker para incorporarse a las mismas y el 2 de diciembre de 1923 inicia su trayectoria en un circuito de 40 kilómetros situado en la localidad de Morón, sobre el que girará ocho veces hasta completar un total de 320 kilómetros. Esta carrera, organizada por el Círculo Automovilista Argentino estaba distribuida en cuatro categorías que nucleaban 23 competidores en total.

París Giannini y tres pilotos más largaron en segunda categoría, otros ocho lo hicieron en primera; ocho más en tercera y solo tres en cuarta.

La competencia general fue ganada por Eugenio Caussoulet con 9h. 02’54”, clasificándose segundo Giannini, con 10h.59’15”. Vale decir que triunfó en su categoría y sobre 7 participantes de primera línea.

Las posibilidades de correr seguido eran pocas al igual que la cantidad de autos, pero aquello tenía el valor de marcar el camino en algo tan difícil como rodar a “grandes velocidades” sobre superficies polvorientas y banquinas peligrosas, sin pasar por alto el martirio extra provocado por la dureza de dirección, asientos y amortiguaciones.

Anteponiendo la pasión por la velocidad a todas las “contras”, continuó su carrera este italiano que se hizo muy querido en el ambiente. A pesar de que fue un piloto de primera línea nunca ganó una general y tuvo que conformarse consiguiendo etapas de grandes premios y triunfos parciales logrando la actuación más recordada en el Gran Premio llevado de 1925, cuando obtuvo cuatro de seis etapas y sin embargo debió conformarse con llegar detrás de Ángel Marelli en la general.

Esta falta de victorias no fue impedimento para que se transformara en un deportista altamente respetado hasta el desgraciado suceso ocurrido el 25 de enero de 1929, cuando a 18 kilómetros de Arrecifes el bloqueo de la rueda sobre una curva tomada a fondo le provocó el vuelco y la muerte a París y a su acompañante Dino Papini. Tenía 56 años y era el piloto más viejo y querido del circuito.

Los corredores, no quisieron continuar y así se lo hicieron saber a los organizadores mediante una nota firmada por todos, pero la misma fue rechazada, por lo que, al día siguiente, la marca Graham Paige (con la que corría París), retiró a sus pilotos de la competencia. Los demás encendieron sus autos e iniciaron la prueba, pero a 50 metros de la largada se detuvieron e hicieron un minuto de silencio para recordar al amigo, antes de seguir su marcha.

París Giannini, erróneamente considerado piloto olavarriense en el “Manual del Alumno Olavarriense” del Archivo Histórico Municipal de Olavarría, fue un recordado representante de Mercedes, ciudad en que cosechó una legión de amigos y en la cual hay sitios públicos que llevan su nombre como recuerdo.

En el ámbito de las carreras, aquel 25 de enero de 1929 fue recordado por sus compañeros de ruta, público y periodismo como el día más triste del automovilismo deportivo y por única vez, los corredores. tomaron la decisión de revelarse por un minuto a la organización y rendirle tributo al amigo, que como uno de ellos expresó “era también un poco el padre de todos nosotros.


Emergencia aérea sobre Venado Tuerto


Unos minutos antes de las 20 horas del día 1º de octubre de 1956, se desató una tormenta de viento seguido de lluvia que provocó grandes daños en Venado Tuerto y la región. En ese momento un avión de características Ea 01 sobrevolaba la ciudad cuando fue sorprendido por el fenómeno climático y debió efectuar un aterrizaje forzoso de panza, esto es, con el tren plegado. Descendió en las cercanías de la estancia “La Elena” y cortó dos alambrados. Felizmente no hubo víctimas. Las versiones de entonces era que tenían marcado en la hoja de vuelo el lugar del viejo aeródromo “La Victoria” sobre ruta 8. En esa fecha estaba habilitado el nuevo aeródromo actual.“Un aterrizaje de panza o aterrizaje con tren plegado es cuando una aeronave aterriza sin su tren de aterrizaje completamente desplegado y utiliza su parte inferior, o panza, como elemento de aterrizaje principal. Normalmente el término aterrizaje con tren plegado se refiere a incidentes en los cuales el piloto se olvida de desplegar el tren de aterrizaje, mientras que aterrizaje de panza se refiere a incidentes en los que un fallo mecánico impide al piloto desplegar el tren.
Se comentaba que el avión pertenecía al ámbito militar (Ejército/Fuerza Aérea) y que viajaban, además de la tripulación, familiares de los oficiales. Recuerdo que no estaba permitido tomar fotografías de la nave accidentada.
Confiando en mi memoria, diré que el avión era similar al que se muestra en esta foto y que pertenece a un sitio de internet, que dice lo siguiente: El ejército argentino recibió sus primeros 6 ejemplares en 1946, operados por el Regimiento Nº1 de la Agrupación de Transporte como ambulancias aéreas. En 1948 son transferidos a la Fuerza Aérea para servir en Coronel Pringles, El Plumerillo y en Reconquista. Actualmente fuera de servicio.

"PIETRO"


Pedro "Pietro" Ugolini, nació en Italia el 27 de junio de 1945. Sus padres se radicaron y criaron a sus hijos en Venado Tuerto. Los Ugolini se dedicaron a la construcción y se forjaron un buen pasar merced a su trabajo y honradez. Muchas casas de Venado Tuerto fueron construidas por ellos.
Pietro vivía en el barrio Centro II que abarca las calles Brown, Estrugamou/Casey, Rivadavia y 12 de octubre, ubicándose en la zona de Azcuénaga entre Colón y López aproximadamente y estudió en el Colegio Sagrado Corazón.Siendo adulto volvió a Italia, su tierra natal, donde intentó iniciar una nueva vida atento a que en Argentina las cosas no andaban del todo bien. Pero sus recuerdos estaban en Venado Tuerto. Creo (no estoy seguro) que vino de visita en varias oportunidades porque la Argentina lo atraía, era gran parte de su vida. La última vez que estuvo, año 1995, se encontró con sus familiares y amigos del barrio y disfrutó intensamente su estada. Cuando volvió a Italia, inesperadamente falleció a los pocos días de su regreso. Eso fue el 18 de febrero de 1995. Pietro descansa en paz. Siempre te recordaremos los exalumnos del Sagrado Corazón y seguramente tus vecinos y amigos del Club Pueyrredón.
Un día antes de la triste noticia, estuve con Gonzalo (el hijo del colchonero del barrio) que hacía cobranzas a domicilio y le pregunté qué contaba Pietro de Italia y qué era de su vida. Gonzalo me dijo que hacía unos dos días había regresado a Italia. Esa noche Gonzalo me llamó por teléfono para decirme que Pietro había fallecido. Gonzalo estaba consternado y me dejó a mí sin habla.
Los restos de Pietro fueron vueltos a la argentina y descansan en el Cementerio de Venado Tuerto. ¿Habrá pedido Pietro ser sepultado en su querido Venado Tuerto?

Los “Miranda”

La familia Villafaña vivía sobre calle Uruguay y su casa estaba pegada al club Olimpia. El patio de la vivienda estaba tapialado y, desde la cancha, se veía la característica parra que cubría parte del patio. Entre la frondosidad de la vid y el tapial, había un hueco que permitía a los moradores otear la actividad del gimnasio. Una noche de verano actuaba el conjunto folclórico “Los Chalchaleros” y el escenario estaba ubicado de espaldas a la calle Juan B. Justo, lo que hacía que los ejecutantes estuvieran de frente al tapial de los Villafaña. Como era habitual, el anunciador del conjunto era Juan Carlos Saravia que, no hace falta acotarlo, lo hacía con la gracia que tenía su proverbial carisma.

Esa noche, después de cantar varias canciones, Saravia, con gracia salteña, anunció que iba a dedicarle la próxima canción a la familia Miranda, “que se encuentra en el palco”, dijo, y apuntó hacia el tapial. Todos nos dimos vuelta para conocer a los Miranda y allí estaban los ojos brillosos de los Villafaña que, al darse cuenta de la chanza, agacharon sus cabezas ante la risa de todo el público presente que aplaudió a rabiarse. Tras lo cual el espectáculo continuó su curso festivo. Un recuerdo especial para los Villafaña, una familia emblemática del Barrio San Martín. 

El Dr. Mariani, pierde la vida en un accidente


El 29 de marzo de 1964, en un accidente automovilístico, pierde la vida el Dr. Mariani cuando viajaba de regreso a Buenos Aires. En el accidente también perdió la vida la señorita N. García, familiar del Dr. Mariani. Un tercer ocupante del automóvil siniestrado era el soldado conscripto Juan Carlos M. Conca que regresaba a Campo de Mayo y que resultó gravemente herido. Conca se recuperó de las heridas, pero con secuelas físicas que complicaron su salud. El accidente se produjo en la localidad de Pilar y el automóvil accidentado, un Valiant modelo 1962 color blanco, estuvo durante mucho tiempo guardado en un garaje sobre ruta 8. Recuerdo haberlo visto los fines de semana a mi regreso de franco a Venado Tuerto cuando cumplía el servicio militar en la Escuela General Lemos de San Miguel. 

El Dr. Mariani residía en Buenos Aires, pero regularmente visitaba a sus padres que habitaban la casa de Av. Casey 350 donde años más tarde, se abrió el Sanatorio del gremio de los camioneros “Abel Beroiz”. A don Mariani lo conocí personalmente y lo recuerdo como una persona distinguida y afable, de conversación agradable y temperamento sereno. A la par de su casa estaba la cancha de basquetbol del club Central Argentino. Era un baldío tapialado y tenía sobre Avda. Casy dos ventanitas para la venta de entradas.

Del semanario "La Ciudad"

Venado Tuerto en Inglaterra

Carlos Martínez Moreno es un destacado escritor uruguayo y en su libro "Los prados de la conciencia" relata que, en las pizarras de las cotizaciones de acciones en la Bolsa de Londres, allá en Inglaterra, aparecían estancias de Venado Tuerto. Narra el autor que ello se debe fue por 1920 aproximadamente-a que un inglés, Thompson, había recibido correspondencia desde Londres dirigida a su domicilio en este pueblo, sin más señas que su nombre y Venado Tuerto, no agregando si se trataba de un lugar de Argentina o de algún otro lugar de América; y la carta llegó desde Inglaterra a Vena do Tuerto; interlocutor de par medio fue el Sr. Ricardo Larriera, conocido ampliamente en el círculo de la sociedad local como "El amiguito". No debemos olvidar que fueron ingleses quienes formaron las primeras sociedades anónimas rurales en el pueblo y el Sr. Thompson, radicado en ésta, tenía sus familiares allá.

CURIOSIDADES

“Los Tarmas” 

Como en el cuento de Isidoro Blaisten “Los tarmas”, también los hubo en Venado Tuerto, aunque tal vez en la actualidad no tanto debido a los cambios de hábitos sociales y estrecheces económicas. 

Mi paso por la secretaría del Concejo Municipal (1983/2005) me dio la posibilidad de asistir a muchos eventos sociales, tales como inauguraciones comerciales, presentación de libros, despedidas de año, los que eran acompañados por servicios gastronómicos a la mesa. En casi todos esos agasajos noté la presencia metódica de un señor de profesión albañil que supo trabajar en el cementerio municipal y a un matrimonio militante de un partido político.  Seguramente habrá habido muchos más, pero fueron estas personas las que me llamaron la atención en eventos en los que, a simple vista, no tenían aproximación o alguna relación.

Entonces recordé el cuento de Isidoro Blaisten “Los Tarmas” que, además de entretenido es muy ilustrativo al describir en detalle, cómo estas personas logran engañar a sus interlocutores en tanto su objetivo es consumir buena comida y eventualmente acaparar alimentos para su despensa hogareña. 

También Antonio Gasalla y Graciela Borges, protagonizaron la película “Dos Hermanos” que incluye un pasaje donde se muestra a los personajes simulando pertenecer a la nobleza social y mientras ella hace sociales entre los presentes, su hermano se dedica a acopiar alimentos en su maleta. El sketch es desopilante y está muy bien logrado.

DEL DIGESTO MUNICIPAL

El 26 de abril de 1923, se reúne la Comisión de Fomento de Venado Tuerto (Acta N.º 47) y aprueba en su apartado 1º la siguiente resolución, la que dice textualmente: “Vista la denuncia presentada por el señor vecino de este Municipio don J.B. Ribioli y de acuerdo al informe presentado por el señor Inspector de la Comuna, se resuelve emplazar por el término de diez días al señor Miguel Perucca, propietario de la casa de inquilinato sito en calle Pellegrini entre Castelli y San Martín, para que dentro del plazo establecido proceda a efectuar las obras necesarias a fin de que el pozo y letrina existentes en la propiedad citada ofrezcan las condiciones de higiene y seguridad requerida por la Ordenanza en vigor” (sic)
Digesto Municipal de Venado Tuerto

El día 16 de diciembre de 1930, según acta N.º 22, se instala en su despacho el Comisionado de la Intervención Nacional a esta Comisión de Fomento, el señor Américo Chiesa en virtud de las atribuciones conferidas en el Decreto del superior Gobierno de fecha 29 de octubre próximo pasado, que obra íntegramente transcripta en el acta N.º 17 que corre al folio 75 del presente libro. Entre las resoluciones, establece en su apartado 6º lo siguiente: “Pasar nota a los carniceros locales, invitándolos para que concurran a este H. Comisión de Fomento a una reunión que tendrá lugar el sábado veinte del corriente mes a las diez hs., con el fin de cambiar ideas respecto a la situación de crisis por la que atraviesa la población y ver de solucionar en la mejor forma posible ya sea rebajando los precios de los artículos de primera necesidad que será en primer lugar la carne, tendiendo en distintos procedimientos al abaratamiento general de la vida, esta situación embarazosa que aflije (sic) especialmente a la clase trabajadora que es la más necesitada y cuyo resultado beneficiará directamente a la misma.”

Mientras tanto, el apartado 7º dice: “Solicitar la Administración del Ferro Carril Central Argentino trescientos durmientes de madera y cien rieles usados a los efectos de ser utilizados para alambrar el cementerio Inglés, construir los tinglados del Tiro Federal, cuya tramitación se tramita con gran éxito.” (sic)

TIRO FEDERAL

El predio destinado para el cementerio inglés era la actual plaza Manuel Estrada del Barrio Tiro Federal (Pte. Perón, Ovidio Lagos -ruta 8- y Chile) que nunca llegó a habilitarse, razón por la que en Acta Nº 27 del 6 de febrero de 1931 se nomina el citado predio “Plaza Británica”.

El Tiro Federal fue fundado el 07 de noviembre de 1930

La Opinión del 25 de junio de 1966


PUBLICÓ “LA OPINIÓN en su edición del sábado 25 de junio de 1966 (Fuente: Archivo histórico  digital Venado Tuerto)

Lucidos contornos alcanzaron los actos realizados por la colectividad irlandesa de nuestra ciudad
Quedó constituida la comisión Directiva de esta colectividad


Notable brillo tuvo la visita a nuestra ciudad del embajador de Irlanda Michael J. Skentelbery que fue invitado por la colectividad irlandesa con motivo del levantamiento de pascua de 1916 que este año cumple el cincuentenario y del sesquicentenario de la declaración de la independencia argentina. 

En la Intendencia municipal el señor Embajador fue recibido por el Secretarlo de Gobierno Dr. José Lucero quien tuvo a su cargo las palabras de bienvenida a las que contestó el señor Embajador. 

Acto seguido se trasladó la comitiva al Colegio Santa Rosa donde el Obispo Diocesano Monseñor Fortunato A. Rossi celebró la santa Misa, viéndose colmado el santo reciento con numeroso público.

Después de la Santa Misa en la puerta del Colegio un grupo de niñas realizó un reportaje al embajador, luego de lo cual la comitiva se trasladó a la Plaza San Martín donde tributó homenajes al libertador General José de San Martín y al fundador de la ciudad Don Eduardo Casey con sendas ofrendas florales.  

Al mediodía se sirvió un almuerzo criollo en las instalaciones de la Sociedad Rural, cedido gentilmente, donde un numeroso público pudo saborear un exquisito asado con cuero preparado por don Ignacio Villarruel de la localidad de Sancti Spíritu. 

A los postres usaron de la palabra el secretario de la colectividad Sr. José B. Wallace, Monseñor Fortunato A. Rossi, el presidente de la sociedad San Patricio de Rosario, Sr. Leo Quinn, el presidente de la Federación irlandesa Argentina Dr. José Richards; el señor embajador Michael Skentelbery y el Rvdo. P. Fidelis Rush C.P.
 
Por la tarde tuvo a su cargo los bailes tradicionales de Irlanda el grupo de Baile “Cross and Shamrock” (Cruz y Trébol) de la Capital Federal bajo la dirección del Padre Fidelis C.P. mientras un grupo de damas de la colectividad servía el té tradicional.

Por la noche el señor Skentelbery ofreció un agasajo a los miembros de la comisión en la casa del señor Patricio Rooney donde se intercambiaron ideas y se dejó establecida la nueva Comisión la que transcribimos a continuación:
Presidente: Sr. Patricio Rooney
Vicepresidente: Sr. Eduardo Mckey
Vicepresidente segundo: Sr. Víctor Padilla
Secretario Sr. José Wallace
Prosecretario: Sr. Francisco Chapman
Tesorera: Srta. Eileen Wallace
Protesorera: Srta. Dicky Kenny
Vocales titulares:
Sr. Patricio Moore
Srta. Marta Mestre 
Sr. Heriberto Kenny
Sr. Roque Boyle
Dr. Harold Kenny
Sr. Edmundo Tuite
Vocales suplentes:
Sr. Luis O’Brien
Sr. Pedro Wallace
Dr. Donald Houlin











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