Secuestro de Don Florencio Andueza
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| Residencia de Florencio Andueza Demolida durante el proceso militar de 1976/1983 |
A pesar de las diligencias policiales, las investigaciones no estaban dando el resultado esperado, a pesar de algunas detenciones, lo que originó la chanza de los mafiosos.
Más tarde los raptores le hicieron escribir a Florencio varias cartas a su tío Gamboa, con la finalidad de allanar las negociaciones. Entre esas misivas se acordó acceder al pedido de la familia Andueza, de que el señor Martín Iriondo, un hacendado de la localidad de Chapuy, fuera el mediador, lo que fue aceptado por los delincuentes.
De esta manera, se acordó realizar el primer contacto el 30 de agosto conforme a las directivas puntillosas de los delincuentes, y que fueron cumplidas por el mediador al pie de la letra en su viaje de ida y vuelta a la ciudad de Santa Fe, aunque nadie se contactó con él. El 2 de septiembre, Iriondo emprendió otro viaje a Rosario con una carta de Gamboa, donde pedía una rebaja por el rescate. El contacto se realizó en Avda. Alberdi al 600 con un individuo que se identificó con una contraseña grotesca: “¿Me da diez toscanos?”
Seguidamente, a través de otra carta redactada por Andueza, los secuestradores accedieron al pedido y rebajaron la suma de $ 150.000.- a $ 100.000.-, indicando que la entrega debía hacerse en “Puente Gallegos” (Ovidio Lagos y Arroyo Saladillo) el día 5 de septiembre. En esta ocasión el santo y seña fue más trivial: “¿Tiene pollos?”.
Cumplida la entrega del dinero, al día siguiente el raptado fue puesto en libertad sano y salvo a una cuadra y media de su casa.
Florencio no pudo dar mayores precisiones sobre su secuestro, salvo que estuvo cautivo en un sótano donde había una mesa, una silla y un colchón, desconociendo totalmente su ubicación. Tampoco pudo describir la fisonomía de sus captores, quienes, antes de liberarlo le dijeron: “Usted tendrá que ir a declarar ante la policía y cuando lo haga, dígales que pongan en libertad y dejen tranquila a esa pobre gente que no tiene nada que ver con nosotros”.
La investigación pareció quedar en punto muerto, hasta que el 12 de enero de 1932 fue encontrado el cuerpo acribillado de Juan Amado en un camino cercano a la localidad de Murphy, y que tenía todas las características de un ajuste de cuentas entre el grupo de delincuentes que había secuestrado a Andueza. Pero esto se supo recién cuando declaró en la causa Julio Pinillos, un joven de Venado Tuerto.
Pinillos, camuflado como un inofensivo vendedor de pescados, realizaba tareas de inteligencia para el grupo mafioso, y aunque no participó del homicidio, aportó datos importantes sobre el accionar de la banda delictiva e involucró a Segundo Luis Busellato, propietario de una fonda que hacía de pantalla para la organización.
Pierina Elena Busellato, una de las hijas del mesonero, decidió consultar al procurador general Julio Ángel Gatti, respecto a su novio Antonio Michelli, dado que éste fue quien hizo el seguimiento de Florencio Andueza antes de su secuestro. Al respecto el procurador fue terminante: “No queda otra cosa, más que decir la verdad. Con la muerte de Amado, todos van a quedar detenidos”. Poco tiempo después, quedaba al descubierto una de las organizaciones delictivas más peligrosas de aquella época.
Detalles y consigna
Andueza recomendaba en sus cartas mantener “el mayor secreto” respecto a las operaciones, porque los secuestradores era gente muy decidida y no pararían hasta vengarse de todos.
En su viaje anterior, el mediador Martín Iriondo, hubo de cumplir otro recorrido: Salir a las 7 de la mañana de Venado Tuerto hacia Rosario, almorzar en esta ciudad y luego continuar viaje a la ciudad de Santa Fe; al otro día regresar haciendo el mismo trayecto. En este caso el pañuelito en el radiador debía ser color rojo.
Otros secuestros
| Abel Ayerza |
El último episodio de esa serie ocurrió en la noche del 29 de enero de 1933 con el secuestro de Marcelo Enrique Martin, mientras todavía se ignoraba el paradero del joven Ayerza.
Secuestro de Marcelo Martín
El vecino de Rosario,
Roberto Badano junto con su hija, vieron cómo dos hombres secuestraron a Martín
tomándolo por detrás mientras le ataban una mordaza en la boca y le tapaban la
cabeza. Según las crónicas de la época, padre e hija fueron los únicos testigos
del hecho, cuya declaración ampliaron con datos pormenorizados. Según
manifestaron, en el forcejeo, a uno de los delincuentes se le cayó un arma que
recogió antes de que subieran a la víctima a un auto taxímetro marca Hudson,
color verde aceituna de techo blanco. Cumplido su cometido, el automóvil enfiló
raudamente por calle Paraguay hacia el sur.
Los familiares de Martín recibieron una carta donde exigían el pago de 150.000.- pesos para su rescate con vida. Sin dudas los delincuentes habían elegido bien a su víctima. Se trataba del hijo de Julio Martín, ex presidente de la Bolsa de Comercio y fundador de la yerbatera que llevaba su mismo apellido.
Cruce Alberdi
El 31 de enero a las
04:30, Alberto Julio Martín, hermano del rehén, efectivizó el pago del rescate
en el Cruce Alberdi, cumpliendo con todas las exigencias de los secuestradores,
mediante la entrega de un maletín con la mano izquierda sin mirar al que lo
recibía. Las características de las consignas impuestas por los delincuentes,
era muy similar a las que exigieron a los familiares de Andueza. El automóvil
debía ir con la capota y el parabrisas plegados, más un pañuelo en el radiador.
El secuestro no fue
denunciado, pero se filtró a la prensa en momentos en que todavía no se sabía
nada sobre el destino corrido por el joven Abel Ayerza que había sido
secuestrado por una banda mafiosa en la provincia de Córdoba en octubre de
1932.
Para tranquilizar a la
población, el 1º de febrero Marcelo Martín salió a pasear por el Parque
Independencia con su amigo Héctor Astengo, hecho del que se hizo eco la prensa.
| Marcelo Martín |
De esa manera, la señora Ángela J. de Martín, madre de Marcelo, cumplió con lo prometido; Si su hijo salía indemne del secuestro, donaría a la ciudad de Rosario una maternidad, hecho que se concretó el 8 de julio de 1939 cuando se inauguró la “Maternidad Martín”.
La investigación
Según la investigación,
luego del secuestro de Martín, Vinciguerra entregó su automóvil Hudson a Luis
Cacciatore en compensación de una deuda. Antes de la entrega del rodado, lo
llevó a un taller de pintura para que le cambiaran el color aceituno por café,
aunque negó ser el propietario del vehículo, según lo manifestado por los
mecánicos Fortunato Castaggeroni y Francisco Rodríguez.
A todo esto, los investigadores tenían sospecha de que había complicidad entre los bandidos y la policía local.
La apuesta
Fue en la década del 50, cuando el gomero Rossi, más conocido como “El Loco Rossi”, inició un curso de piloto de avión. Ignoro quién fue su instructor, pero sé ciertamente que tomaba clases junto con uno de sus empleados, Luis Acosta quien posteriormente instaló su propia gomería. Según versiones, Acosta abandonó el curso cuando en un vuelo de instrucción casi se vienen a pique y se evitó una tragedia. En cambio, Rossi continuó el curso y obtuvo su Licencia PPL (Piloto Privado de Avión). Entusiasmado, se iba hasta el aeródromo "La Victoria", que estaba ubicado en la curva de la ruta nacional N.º 8, alquilaba un avión y salía a volar.
Una noche, mientras
compartía un asado con amigos y colegas gomeros, Rossi contaba entusiasmado la
adrenalina que le producía hacer piruetas, ascensos y descensos con el Piper de
Dante Bodo, personaje de las mismas características de Rossi. En eso estaba
cuando surgió entre los presentes una apuesta. La finalidad era comprobar hasta
qué punto el "Loco" era capaz de consumar sus habilidades aéreas de
las que tanto se jactaba.
- “Te juego un asado para
todos los presentes, a que no te animás a pasar debajo del Molino Fénix”
-desafió el apostador.
Todos guardaron silencio por unos instantes mientras el “Loco” meditaba su respuesta.
- “¡Dale!” –dijo por fin y
aceptó el desafío, aunque condicionó a que fuera después de la jornada laboral,
que hubiera buen tiempo y no se divulgara la apuesta.
La fecha se concretó para
un día del mes de febrero a las 20 horas. Ese día el "Loco Rossi"
partió del aeródromo “La Victoria” y enfiló su vuelo hacia la ciudad. Dio varios giros alrededor del
establecimiento fabril para cerciorarse de que las condiciones eran aptas para
la acción. Pasaron algunos minutos y de pronto, cuando menos lo esperaban los
únicos espectadores convocados, el avión apareció del Noroeste y enfiló su
vuelo rasante hacia el centro de las dos columnas, pasó por debajo del molino y
tomó altura nuevamente. Luego dio dos
giros y saludó a sus amigos balanceando las alas del pequeño Piper.
Según comentarios, el
asunto fue cuestionado por las autoridades gubernamentales y hubo quejas ante
los mandos aeronáuticos, razón por la que el asunto no tuvo mayor trascendencia
y quedó como que “acá no pasó nada”.
¿Verdad o bolazo?
El día que Neruda pasó por Venado Tuerto
Según versiones nunca confirmadas, en una ocasión Neruda y sus acompañantes almorzaron en el restaurante “La Choza”.
Según comentó el actor que
acompañaba a Neruda en esa travesía: "Esa misma tarde, Pablo escribió una
“Oda a la Mariposa” y otra “Oda a la Corzuela Cordobesa”. Ambas las hizo
imprimir en la misma imprenta del pueblecito en la que se editaban los
programas del cine local y exactamente con igual tipografía que la empleada
para éstos. A Rodolfo y a mí nos dedicó sendos ejemplares, aunque por desgracia
yo no conservé el mío ya que, al llegar a Buenos Aires, no me quedó más remedio
que regalárselo a mi cuñado, a quien Pablo enviaba siempre el primer número de
todas sus ediciones”.
Más adelante Murúa recuerda: “Hace años que conozco este poema donde Venado puso las mariposas y me parece paradójico e ilógico que aquellas mariposas de las que Neruda fue testigo ya no estén. Es una pena”
¿Mito, verdad o bolazo?
Nota: Rodolfo, de quien hace referencia Lautaro Murúa, presumo que es el hermano de Neruda, Rodolfo Reyes.

sobre el camino
volaba otro camino.
Eran las mariposas de la pampa.
Galopábamos desde
Venado Tuerto
hacia las alturas
de la caliente Córdoba.
Y contra los caballos galopaban
las mariposas,
millones de alas blancas y amarillas,
oscureciendo el aire, palpitando
como una roja que nos amenazaba.
Era espesa
la pared
temblorosa
de polen y papel, de estambre y luna,
de alas y alas y alas,
y contra
la voladora masa
apenas avanzaban
nuestras cabalgaduras.
Noches de Romeos y Julietas
El sábado 19 de mayo de
1928, contrajeron matrimonio Carlos Garbarino y Josefina Fallon. Según
versiones orales (nunca desmentidas) dicen que esa noche mientras se
desarrollaba la fiesta de bodas en la casa de la familia Fallon, la hermana de
la novia, Brígida Fallon, se fugó con su pretendiente.
| Antigua casa (hoy derrumbada) sobre calle Marconi detrás de la Iglesia Evangélica Metodista |
Los Fallon vivían en calle
Marconi 759, lindante a la Iglesia Evangélica Metodista, en una casa muy
señorial donde hoy se levanta una edificación moderna. Según se rumoreaba,
Brígida arrojó sus maletas por sobre el tapial lindante a la Iglesia, donde la
esperaba su Romeo: Leandro Long.
Debió haber habido alguna razón muy fundada para que la joven pareja tomara tan audaz decisión, lo que hace suponer que Leandro no era admitido por la familia Fallon. Las mismas versiones indican que, esa noche al notarse la ausencia de Brígida, todos los presentes comenzaron a inquietarse, excepto doña María Catalina Downes Vda. de Fallon, que mantuvo su compostura de anfitriona distinguida, lo que permitió que la fiesta continuara como si nada.
Tal vez una de las razones
por la que la familia Fallon no admitía a Leandro, haya sido su pertenencia a
la religión protestante, una causa muy arraigada que impedía formalizar
casamientos entre personas de distintas creencias religiosas. Años más tarde
comenzaron a admitirse estas uniones si se efectuaba la ceremonia bajo los
ritos de ambas iglesias. Muchos abandonaron su religión para casarse con quien
pertenecía a otro credo, pero a éstos se los rotulaba como “apóstatas”, un
calificativo que, por cierto, no es muy grato. Todo este enjuague originaba
fuertes disputas familiares, cuando debía ser todo lo contrario. Por fortuna
estas creencias ya son historia.
Mas tarde Brígida y Leandro formalizaron su unión matrimonial y tuvieron un hijo: Conrado, apodado “El Conde”.
“El Conde Long” fue un
personaje popular en Venado Tuerto, y célebre por sus correrías chineteras. Era
habitué de reuniones de alto nivel social, como de piringundines de la más baja
estofa. No le hacía asco a nada. Cuando se armaba algún despelote en cualquiera
de esas esferas, seguro que ahí estaba “El Conde”. Un genuino playboy de los
años 40/50.
Ya entrado en años, “El
Conde” fue protagonista de una desopilante reyerta que sobresalió de la
infinidad de trifulcas que lo tuvieron como protagonista.
En la calle San Martín al
300 (numeración impar) vivía un profesor del Colegio Industrial, padre de dos
hijas. Cuando falleció el matrimonio, las hijas instalaron un negocio que
regenteaban personalmente.
Una noche las chicas,
invitaron a sus parejas a una cena íntima en su casa. El pretendiente de la
mayor era el Cura Párroco de San Eduardo Dino Marcelo Massiero y “El Conde”
flirteaba con la menor. La reunión comenzó de lo mejor y todo era armonía y
jarana, hasta que el calor del vino y el whisky de sobremesa alteraron los
ánimos y se desató una feroz discusión entre los muchachos hasta llegar al
pugilato. Aparentemente las mujeres no podían detener el combate y no se sabe
cómo o quién avisó a la policía que se los llevó a los dos detenidos.
El cura párroco local,
Ernesto Borgarino, al enterarse de lo ocurrido se fue hasta la comisaría para
interiorizarse de la situación de su congénere. Dicen que allá lo encontró a
Dino con un magullón en uno de sus pómulos que trataba de aliviar con una
toalla mojada. Reconfortado por el buen
pastor, el clérigo pugilista confesó sus miserias humanas y pidió absolución.
A todo esto, las damas de
la parroquia, escandalizadas (como siempre) por lo ocurrido, despellejaron a
Borgarino por haber ido a visitar al sacerdote detenido. Borgarino no dio
respuesta alguna (no tenía por qué darla tampoco) porque simplemente cumplió
con su misión, conforme a los mandatos evangélicos. Mandatos que muchos
“cristianos” de cualquier religión todavía no hemos aprendido y mucho menos
practicado, pero lo que sí aprendimos es a levantar el dedo acusador.
El Padre Massiero abandonó
su ministerio y contrajo matrimonio con su novia. “El Conde”, como no podía ser
de otra manera, continuó vagando y a los tumbos.
El rebelde Padre Dunphy
Entre el 14 y 18 de
septiembre de 1949 se desarrolló en la Parroquia Inmaculada Concepción de
Venado Tuerto una misión a cargo de los padres de la Congregación Pasionista
Víctor O’Carolan y Celestine Butterly, ambos originarios de Irlanda.
Por razones
circunstanciales, se encontraba por esos días en Venado Tuerto el exsacerdote
José María Dunphy Harrington, que había sido apartado de su ministerio por la
jerarquía eclesiástica, que era presionada por el gobierno de Juan Domingo
Perón a raíz de las encendidas prédicas del sacerdote contra el gobierno
peronista, al que consideraba dictatorial.
En reiteradas ocasiones el
sacerdote fue convocado por sus superiores para que revea su actitud y volver a
ejercer su ministerio. Pero el clérigo, fiel a sus principios y a los del
evangelio, no aceptó retractarse y sostuvo que nada lo haría cambiar de
actitud, por cuanto él consideraba que sus denuncias eran fundadas. Ante su
perseverancia, fue silenciado e inhabilitado para ejercer el sacerdocio por la
cúpula eclesiástica.
Cuando el P. Víctor se
enteró de la presencia de Dunphy en la ciudad, de inmediato le pidió a mi padre
que lo llevara hasta la casa del señor Cecilio Quiroga, un conocido martillero
de la ciudad y activo dirigente de la Unión Cívica Radical. Quiroga le había
dado a Dunphy alojamiento en su casa familiar mientras durara su permanencia en
la ciudad, lo que posibilitó al dirigente radical de presentarlo a sus amigos y
correligionarios, quienes estaban interesados en conocer a este cura por sus
valientes denuncias contra el corrupto régimen peronista, y del que tanto se
hablaba en los medios políticos a través de los panfletos que circulaban entre
la oposición.
Fue así como mi padre lo
llevó al P. Víctor hasta el domicilio del señor Quiroga de calle Pellegrini y
en cuyo interior el P. Víctor permaneció alrededor de una hora. Cuando se
retiraba, lo hizo acompañado por un hombre de gran prestancia: alto, delgado,
de cabellos blancos y riguroso traje negro; era el Padre José María que
despedía al visitante con afecto.
El P. Víctor siempre se
jactaba de haber exorcizado a muchas personas "poseídas", pero esta
vez se sintió frustrado; no había logrado que el Padre Dunphy se retractara
ante sus superiores para reintegrarse al ministerio sagrado. La suerte estaba
echada, Dunphy jamás revocaría sus dichos. Su integridad personal y su
fidelidad al Evangelio así se lo dictaban.
NOTA: Pablo Botto Dunphy
(1.4.1.1.) cuando vino a visitarme (1997) en busca de datos sobre sus
ancestros, me hizo un comentario interesante sobre su tío abuelo José María
que, siendo sacerdote, solía reunirse con amigos en la casa de Ernesto Sábato
en Santos Lugares. Allí, además de analizar la situación sociopolítica del país
en reuniones secretas, se armaban partidas de truco que duraban hasta pasada la
medianoche.
Ver genealogía DUNPHY/HARRINGTON en:
https://genealogiairlandesa.blogspot.com/
Tragedias
Aciago Viernes Santo 1936
Calle Estados Unidos 670
(hoy Pte. Perón). En esta casa, en el año 1936, se desató una tragedia. El morador de la vivienda era don Juan
Arregui, quien, como buen vasco, era lechero.
El Vasco Arregui, como se lo conocía popularmente en el barrio, había enviudado cuando sus hijos eran todavía niños: Juan, Miguel y Adelina. Tal vez ésta haya sido la razón por la que volvió a casarse, esta vez con una mujer francesa.
Según versiones de los
vecinos de aquellos años, la francesa era mujer de pocas pulgas y, sobre todo,
muy celosa
El 10 de abril de 1936 era
Viernes Santo y el día se presentó muy lluvioso. Como lo hacía habitualmente,
el vasco regresó a su casa después del reparto de leche domiciliario y se sentó
a la mesa a almorzar. En eso estaba cuando su mujer, sin mediar palabra alguna
y con frialdad pasmosa, apuntó el revólver en la nuca y le disparó un tiro a
quemarropa. Herido de muerte, el hombre se desplomó envuelto en sangre.
Un familiar de don Arregui
de apellido Hernández que vivía en Rio IVº se hizo cargo de la crianza de los
niños. Muy pocos eran los que sabían que este hombre era tío de los huérfanos,
mientras que los más jóvenes siempre creímos que era el padre. Con el pasar de
los años supimos la verdadera historia de la tragedia que envolvió a la familia
Arregui.
Muerte en el rancho
Mi padre escribe en su
diario: “(sábado) 11 de enero de 1947: La señora de Roldán fue encontrada
muerta en su rancho. Suponen que fue asesinato”.
En la esquina de Uruguay y
Tucumán, vivía el matrimonio Roldán. Esa mañana los vecinos se extrañaron de no
verlos, ya que era normal que don Roldán (que sufría una deficiencia mental y
caminaba con mucha dificultad) solía estar sentado a la sombra de un frondoso
sauce, mientras su esposa se ocupaba de los quehaceres domésticos. Un chico del
vecindario abrió la ventanita del dormitorio y se llevó la gran sorpresa: La
señora estaba tendida en la cama con las sábanas ensangrentadas. El marido,
imposibilitado de levantarse por sus propios medios, estaba en la otra cama
haciendo movimientos desesperados. (Hecho relatado en “Mi barrio ‘atrás’ de la
vía”)
Accidente fatal
Cuando en Venado Tuerto la circulación de motocicletas era muy reducida dado el exiguo parque automotor de estos rodados, se produjo un accidente fatal para el conductor de la moto. Tal vez -no lo aseguro- haya sido el primer accidente motociclístico fatal del siglo XX en nuestra ciudad.
El lamentable suceso tuvo como protagonista a un joven de apellido Picapietra y ocurrió el 22 de diciembre de 1958.
Entre las 22:30 y 23:00 horas un empleado de la firma Sarbach & Cia. de apellido N.Wilson, al mando de una chatita Ford modelo 32 propiedad del taller mecánico y acompañado por N.Longoni, también empleado de la firma Sarbach, tuvo una colisión con una motocicleta guiada por N. Picapietra. El accidente se produjo en la intersección de avenidas Mitre y Casey. El conductor de la chatita avanzaba por Casey desde Alvear y al llegar a Mitre giró a la izquierda y el motociclista que avanzaba por Casey hacia Alvear se estrelló contra la chatita y le produjo la muerte instantánea. El conductor de la chatita quedó detenido y el 24 de diciembre fue liberado. Su defensor ante los tribunales de Melincué era el Dr. Luis Ditieri.
Miguel Creus
El 26 de diciembre de 1962
Venado Tuerto amaneció con la noticia de un hecho trágico acaecido en la ciudad
de Firmat.
Sobre las vías del
ferrocarril, fue hallado sin vida el joven venadense MIGUEL CREUS, de 27
años. No hay crónicas que comenten el
hecho, pero se sabe que fue asesinado.
Las versiones difundidas
en aquellos años indicaban que había sido ultimado por una persona de apellido Sanchez con quien había efectuado una transacción comercial por la compra de una motocicleta de
colección, por cuyos rodados exóticos Miguel tenía afición.
Miguel Creus había nacido
en Venado Tuerto el 9 de septiembre de 1935 y cursó sus estudios en la Escuela
de Educación Técnica (Colegio Industrial) del que egresó en el año 1955. Hijo
de Ubaldo Creus, propietario junto a su hermano Eduardo de la legendaria
“Farmacia Roca” de calle San Martín e Iturraspe. Los restos de Miguel descansan
en el cementerio de Venado Tuerto donde hay una placa que reza: “26-12-1963 En
tu memoria, tus condiscípulos Promoción 1955 Escuela Nacional de Educación
Técnica”.
Un fatal 19 de abril de 1959
Ese domingo infausto se produjo el accidente que costó la vida a varios vecinos de Venado Tuerto. Fue al finalizar la Vuelta de Santa Fe de TC frente al Tiro Federal. La carrera la ganó Dante Emiliozzi, 2º Carlos Menditeguy, 3º Juan Carlos Navone y 4º Marcos Ciani. Cuando llegó Ferrario se llevó por delante a la gente que todavía estaba sobre la ruta y produjo 8 muertes e hirió a otras 3 personas.
Entre las víctimas estaba
Alfredo José Busso “Pochi” QEPD
A este chico lo conocí
cuando iba a la casa de sus tíos Fernandez/Busso que vivían a la vuelta de
nuestra casa sobre calle Uruguay.
Entonces entablamos una linda amistad que recuerdo con afecto.
Según Juan Carlos
Allovatti, que vivía en el vecindario de la familia Busso en San Martín casi
Dean Funes, a Alfredo le decían “Buseca”, sobrenombre para mí desconocido.
Tampoco sé el porqué del sobrenombre, pero supongo que debe estar relacionado
con el guiso de origen italiano.
Alfredo era un chico muy
dócil, lo que comúnmente llamamos “Un Pan de Dios”. No era posible pelearse con
él.
La muerte lo sorprendió
ese aciago domingo 19 de abril de 1959 cuando tan sólo tenía 13 años. Un
recuerdo para “Pochi”, como lo llamaban sus familiares, y a través de él a
todas las víctimas que enlutó a Venado Tuerto.
Curiosamente 22 años más
tarde, el 1º de enero de 1979, perdieron la vida en la ruta 8 a la altura de
Arias (Cba), su hermano Jorge de 25 años y su primo Alfredo Fernández Busso de
22 años, y nuevamente la familia Busso se vio acongojada por otra tragedia.
Explota una granada
Mi padre escribe en su
diario: “(lunes) 7 de octubre de 1946: Una granada de mano explotó en la casa
de la familia Belforte de calle San Martín y mató a una niña de 14 años e hirió
a otras personas”.
Se trataba de Aidée
Angaramo Belforte, cuya trágica muerte consternó a la comunidad de Venado
Tuerto.
Años más tarde tuve la
oportunidad de conocer a los padres de Aidée, cuando trabajaba en la
Cooperativa de Electricidad. Entonces el matrimonio vivía en calle Mitre 1087,
a metros del ICES. Eran personas muy afables y conversadoras. En cierta ocasión
me contaron del accidente que le costó la vida a su hija, pero no recuerdo los
pormenores por cuanto traté de no hacerles revivir un hecho tan doloroso.
La tragedia se produjo
cuando un integrante de la familia, que era militar o soldado en servicio,
estaba en la casa en uso de licencia, y había traído consigo una granada de
mano, que negligentemente quedó al alcance de la niña.
Un recordatorio en el
panteón familiar expresa: “AIDEE ANGARAMO / BELFORTE: Hija, que fuiste nuestro
amor y consuelo abnegada, bella y bondadosa desapareces sin que el cariño
acendrado de tus padres haya podido arrebatarte a la muerte. 1-4-1932 7-10-46” (sic)
Coche bomba
Si repasamos las
pesadillas que vivimos los argentinos durante la década del 70, hoy nos parecen
ficción. Hay sectores sociales que se esfuerzan en hacernos creer que estamos
reviviendo aquella época de la “juventud maravillosa”, lo que está muy lejos de
repetirse. Los pibes de hoy no son “engrupibles”, para usar un término gráfico.
Los jóvenes saben que con la democracia es posible avanzar hacia una sociedad
mejor, sin necesidad de usar la violencia, aunque algunos
"politiqueros" y medios de comunicación hacen su agosto utilizando
hechos violentos puntuales para hacernos creer que todo el país está en llamas.
Sobre esos años hay mucho para contar y analizar, pero no vamos a entrar en esos detalles porque quiero relatar la tragedia que protagonizó un joven de Venado y que tal vez muy pocos recuerden.
Fue el domingo 8 de septiembre de 1974, cuando Víctor Hugo Codemo de 30 años murió carbonizado en la ciudad de Rosario. El hecho ocurrió mientras transportaba en un automóvil junto a dos compañeros, explosivos de manufactura casera para la organización Montoneros. Víctor Hugo era vecino de Venado Tuerto (Azcuénaga 1280), y estudiaba Trabajo Social en la Universidad Nacional de Rosario. Un parte de guerra de Montoneros reivindicó la muerte de estos chicos por haber “ofrendado sus vidas con elementos precarios e ingenio casero de la resistencia”. Así, brutalmente justificaban esta irracional muerte que sorprendió a estos muchachos antes que a sus víctimas.
Los restos de Víctor Hugo
fueron velados en su casa familiar de calle Azcuénaga y esa noche el barrio era
un hervidero. Había mucha gente joven y algunos adultos, entre ellos el cura
tercermundista Ángel Presello, que en 1954 fue capellán del Colegio Sagrado
Corazón de nuestra ciudad y luego director espiritual de un sector de
estudiantes universitarios que residían en pensionados de Rosario ligados a la
iglesia. Este cura fue responsable de la
muerte de muchos jóvenes que mandó al frente, mientras él se guarecía en la
sacristía o escudado por la santidad de los altares. Un perfecto hipócrita.
Algunos asistentes al
velatorio circulaban en ronda continua, mientras otros se reunían en grupos
conversando sigilosamente y cada tanto se auto arengaban gritando consignas de
muerte y venganza por la muerte de Víctor Hugo. Años más tarde, un integrante
de una de esas células clandestinas me comentó que esa noche los muchachos
estaban armados hasta los dientes y dispuestos a enfrentarse con la policía
ante una posible redada.
Los padres de Víctor Hugo
era gente muy humilde y de profunda fe religiosa. Dedicaban todo su esfuerzo
para que su hijo se educara y adquiriera una profesión que le permitiera tener
un pasar mejor al de ellos. Fieles a sus
creencias, guardaron silencio y se refugiaron en la oración. Consumieron sus
vidas envueltas en el dolor por el hijo muerto.
Víctor Hugo (RIP) murió
creyendo cumplir con los postulados evangélicos. Toda una entelequia inculcada
por mentes enfermas de mesianismo como la del cura Ángel Presello.
Blanco y Negro
Cecilio Ignacio Quiroga
fue un prestigioso Martillero y Corredor Público Inmobiliario de Venado Tuerto.
Tenía una habilidad extraordinaria de convencimiento y una espontaneidad para
el retruque que lo hizo famoso no sólo en el ámbito de su actividad, sino en
las distintas esferas de participación comunitaria. Don Quiroga era morocho, o
como él mismo se describía “negro”, alto, de cabellos canos y anteojos como
fondo de botella. Siempre vestía ropa clara y sombrero panamá. Era activo
militante político afiliado a la Unión Cívica Radical.
Tenía un salón de remates en la esquina sur de calles Rivadavia y 3 de febrero. Tal vez haya tenido otros locales, pero yo particularmente recuerdo ese lugar porque era el paso obligado que teníamos cuando íbamos y volvíamos del centro.
Mi viejo, que siempre
andaba buscando herramientas o cacharros de bajo precio que luego reparaba para
hacer trabajos manuales en casa, me llevó un domingo a presenciar un remate.
Seguramente andaría hurgando por alguna herramienta usada que fuera barata. En
eso estábamos cuando el rematador sacó a la venta un sombrero de mujer por el
que nadie hacía ofertas, entonces le dijo a su secretario “Anotámelo a mí, se
lo voy a regalar a una de mis hijas, le va a encantar” No llegó a terminar la
frase cuando desde el público se oyó: “¡Hey, negro, te doy veinte pesos por el
sombrero!” Quiroga haciéndose el que no lo veía preguntó: “¿Quién hace la
oferta”? mientras giraba la vista a derecha e izquierda. “¡Acá negro!” gritó el
oferente alzando el brazo. “¡Ah! Sí, ahora te veo, y te voy a decir algo: Yo
soy negro pero parejo, no como vos que sos blanco y tenés el culo negro”. Todos
los presentes irrumpieron a las carcajadas y el blanco, tras morder el anzuelo,
se llevó el sombrero por 20.- pesos.
Así de espontáneo y
sarcástico era Cecilio Ignacio Quiroga.
Catalina, una belleza singular
Conocí a Eduardo Fleming y a su esposa Lucy, padres de Catalina, en ocasión del 1º Encuentro Nacional Argentino Irlandés realizado en Venado Tuerto el 12 de octubre de 1968. Ignoro si Catalina asistió al evento.
En la década del 70 cuando trabajaba en la Cooperativa de Electricidad como recaudador domiciliario, tuve la oportunidad de conocer a Catalina Fleming- Recuerdo que cuando llamaba a la puerta de Avellaneda 1166, (la vivienda todavía conserva la misma fachada) Catalina me atendía por la mirilla, nunca abría la puerta. Tengo en mi memoria sus ojos azules transparentes que delataban una belleza singular; entonces no sabía que se trataba de la hija de don Eduardo Fleming.
Catalina contrajo
matrimonio con el Ingeniero Carlos María Araya, que trabajaba en el área
técnica de la secretaría de Obras Públicas de la Municipalidad de Venado Tuerto
durante la gestión del señor Antonio Garnier, cuyo secretario de Obras Públicas
era el señor José Sáenz. En 1983 Sáenz
fue electo concejal de la ciudad y entre otras cosas me comentó sobre el Ing.
Araya para quien tuvo conceptos elogiosos. Sobre su participación en la
política, si bien sabía que simpatizaba con el peronismo, nunca supo de su militancia
Montonera. Se enteró de su filiación años más tarde en plena dictadura, cuando
los medios de comunicación pedían su captura.
¿Quién era Catalina Fleming?
GENEALOGÍA DE LA FAMILIA FLEMING / MARTIN
La Policía Federal irrumpe en casa rural en San Eduardo
Sucedió en el Distrito San
Eduardo a mediados de 1955, cuando el gobierno de Juan Perón entró en crisis y
se desató la cacería de brujas.
Los hermanos Juan Carlos y
Luis Amadeo Cardoso, tristemente célebres torturadores, fueron comisionados por
el gobierno nacional a través de la “Oficina de Control del Estado” para
rastrear a los “enemigos del pueblo”. Con esa orden llegaron a la Provincia de
Santa Fe. En esos días en Rosario, tuvo lugar la primera desaparición de
persona. El médico Juan Ingallinella fue detenido por la policía el 17 de junio
de 1955 y murió cuando lo torturaban. Su cuerpo nunca apareció y el hecho tuvo
gran repercusión nacional. En esos días también hubo allanamientos y
detenciones en gran escala en la ciudad de Santa Fe. Entre los detenidos
estaban el Dr. en Química Horacio Damianovich y su esposa Estela Downes Rourke,
hija de Lorenzo Downes Heffernan de Venado Tuerto. Fueron acusados de conspirar
contra el gobierno. A raíz de estas detenciones, los “investigadores” siguieron
la ruta familiar de la esposa, a la que vincularon con nombres conexos que
figuraban en las tristemente célebres listas negras de las que nuestra ciudad
no estaba exenta. Instalados sigilosamente en esta zona, una noche irrumpieron
en una vivienda rural del Distrito San Eduardo, donde sus moradores tenían
activa participación en la vida comunitaria del pueblo a través de su
vinculación con la parroquia. Los agentes policiales inspeccionaron cada rincón
de la casa, y se supone que nada de lo inquirido fue encontrado porque se
retiraron sin dar explicaciones. Nunca se supo qué investigaban, pero se supone
que buscaban elementos que probarían alguna vinculación con los opositores al
gobierno que imprimían sus panfletos con mimeógrafos.
Historias vinculantes
Michael Fox Kearney, nació
en 1855 en Co. Westmeath, Irlanda. Cuando emigró a la Argentina se radicó en
Firmat, PStaFe y falleció el 1º de julio de 1922. El 07 de mayo de 1878
contrajo matrimonio en la Iglesia San Francisco, de Rojas, PBsAs, con Brígida
Burke Payne, que nació en la Argentina en 1861 y falleció el 09 de marzo de
1918 en Melincué, PSFe.
En 1915, unos meses antes que mi padre emigrara a la Argentina, Michael Fox junto a su familia regresó a Irlanda de visita. Casualmente Miguel Fox (h) estaba correteando en bicicleta por el vecindario cuando se le rompió la bici y mi padre la reparó para que pudiera continuar su periplo. Fue en ese entonces que Miguel y mi padre se conocieron (1915).
También mi viejo conoció
en ese entonces a toda la familia Fox que vivía en el vecindario de
Multyfarnham y por supuesto a la joven Delia. Recuerdo que describió a esta
familia como “well-off family”, vale decir, de buena posición económica
(acomodada). Tiempo después los Fox regresaron a la Argentina, pero Michael se
quedó en Irlanda donde ingresó al seminario. En abril de 1926 se ordenó
sacerdote en Roma y regresó a la Argentina en 1927. El Padre Fox y mi padre se
volvieron a encontrar 40 años después en Venado Tuerto, cuando Miguel era
párroco de la localidad de Alberti, Provincia de Buenos Aires.
Tal vez este segmento de
la genealogía Fox/Burke ayude a comprender los lazos familiares que describo:
7. Michael Fox Kearney,
nació en 1855 en Co.Westmeath, Irlanda. Se radicó en Firmat, PStaFe. Falleció
el 01 de julio de 1922 en Pergamino, PBsAs. Casado en matrimonio el 07 de mayo
de 1878 en la Iglesia San Francisco, Rojas, PBsAs, con Brígida Burke Payne,
hija de John Burke y de Ellen Payne, nacida en la Argentina en 1861 y que
falleciera el 09 de marzo de 1918 en Melincué. Fueron censados en 1895 en
Rojas, PBsAs. Padres de:
7.1. Delia Fox Burke.
Nació en 1887. Falleció el 12 de septiembre de 1941. Casada en matrimonio el 07
de marzo de 1916 en la Iglesia de la Santa Cruz, CBsAs, con Miguel Howlin Kane,
hijo de Peter Howlin Feerly y de Kathleen Kane Daley. Tuvieron 7 hijos, entre ellos Guillermo
“Willy” Howlin Fox.
7.2. Miguel Santiago Fox
Burke. Religioso. Amigo de Edward Wallace O'Reilly. Nació el 02 de noviembre de
1899 en Arrecifes, PBsAs. Fue con sus padres a Irlanda y allá ingresó a la vida
religiosa, ordenándose en Roma el 03 de abril de 1926, siendo a su vuelta a la
Argentina en 1927 cura de Alberti, PBsAs, y en 1937 de Vacarezza. Estudio
Teologia en San Jose de Eva Peron (1938-1951). Fué cura encargado de Saliquelo
(Parroquia) y secretario privado del Obispo de Mercedes, Monsenor Anunciado
Serafini. Capellan honorario de la Inspectoria de Menores de la Ciudad.
Falleció el 13 de junio de 1978 en Alberti, PBsAs.
En marzo de 1916, Delia
Fox, la hija mayor de la familia, contrajo matrimonio con Miguel Howlin Kane,
residente en la zona de Venado Tuerto. Relatos orales de familia, dicen que un
día mi padre iba en sulky a San Eduardo con "Minnie" Rourke (la
casamentera de la comunidad) a visitar a su pretendida allá por 1924 y en el
camino se cruzaron con el matrimonio Howlin que lo hacía en un carromato
desvencijado. Como era costumbre, los viajeros hicieron un alto en el camino
para mantener una breve conversación e intercambiar saludos. Mi padre quedó
atónito cuando vio las carencias de la familia. Los niños con vestimentas
ajadas y la mujer, Delia, de quien guardaba una imagen de belleza única, la
notó triste y desconsolada. No era la misma que él recordaba en Irlanda.
Años más tarde el Padre
Fox, cuya situación económica familiar era holgada, hizo que los hijos de Delia
adquirieran una buena educación en el Instituto Fahy. Guillermo “Willy” Howlin
fue uno de ellos y tuvo gran participación en los eventos de la comunidad
irlandesa en la ciudad de Buenos Aires. Además, integró el grupo de fundadores
de la Asociación Ex Alumnos del Fahy, hoy denominado “Fahy Club” con sede en
Avda. Congreso 2931. También fue propietario de un hotel/confitería muy
nombrado y ubicado en pleno centro de la CABA.
Willy contrajo matrimonio
con una hermana de los tristemente recordados hermanos Cardoso, denunciados
como torturadores y jefes de los grupos encargados de las detenciones durante
el primer gobierno peronista. Este hecho fue la comidilla de la comunidad,
porque se decía entonces, que el allanamiento producido en la zona rural de San
Eduardo estaba dirigido por los hermanos Cardoso. Ironías de la historia.
El guardaespaldas de Perón
Y ya que estamos en San
Eduardo, digamos que también este pueblo tuvo como huésped a un personaje
nefasto en la década del 50. Después del derrocamiento del gobierno de Perón,
se instaló en la chacra de una familia croata Mile Ravlik, también conocido
como Milosz Bogetich.
Mile Ravlic, nació el 15 de abril de 1919 en la pequeña localidad de Glavinja- Donja, en la región de Mostar. Sus padres lo enviaron a la escuela primaria de Imotski y a la secundaria de Sinj. En 1938 ingresó a la facultad de Agronomía de la Universidad de Zagreb, y se afilió al Partido Campesino Croata (cuyas siglas en croata son HSS), una organización de extrema derecha.

Cuando los nazis
invadieron Yugoslavia en abril de 1941, dividieron el país y crearon el “Estado
Independiente Croata” para instalar un gobierno colaboracionista dirigido por
Ante Pavelic (30). Fue un momento crucial para los croatas: unos pasaron a la
clandestinidad y se incorporaron a la resistencia encabezada por Josip Broz
Tito, otros se convirtieron en funcionarios y agentes del fuhrer local a través
del “poglavnik Pavelic”, literalmente: “Jefatura de Pavelic”. Mile Ravlic dejó
sus estudios y comenzó a trabajar en el Ministerio del Interior, a las órdenes
del criminal de guerra Andrija Artukovic (extraditado en 1986 de los Estados
Unidos después de un largo proceso, bajo la acusación de genocidio contra 700
mil civiles).
Milosz Bogetich (Mile
Ravlik), fue un personaje clave en los últimos años de vida de Perón. Apareció
repentinamente en Puerta de Hierro a principios de la década del 70, se
incorporó al círculo de amistades del general, asumió la jefatura de su
custodia y escolta y consolaba a Isabel Martínez. Alto, elegante, siempre bien
vestido, Bogetich hablaba poco en público, pero —cuando lo hacía— era para
repetir la misma frase: “Yo siempre le digo al general que hay que eliminar a
los bolcheviques...”
En 1972 viajó con Perón de
Madrid a Buenos Aires y se alojó en la residencia de la calle Gaspar Campos.
Permaneció siempre en un ángulo oscuro, detrás de Perón, a un costado de
Isabel. Era un enigma: un curioso desconocido del que nadie sabía nada a
ciencia cierta, ni siquiera los dirigentes que más frecuentaban Puerta de
Hierro
Este es el personaje que
fue visto cabalgando mansamente por los campos de San Eduardo.
Un inquilino muy particular
El Dr. Eduardo Rojas
Molina fue un brillante jurista que ejerció su profesión en Venado Tuerto.
Vivía en Avda. Casey al 600, frente a los estudios de LT29, donde también tenía
su bufete de abogado. Según sus colegas, sus escritos eran brillantes, escuetos
y precisos. Otros prestigiosos abogados lo consultaban cuando se encontraban
con asuntos muy complicados. Yo lo conocí personalmente cuando era el Asesor
Legal del Sindicato de Luz y Fuerza, allá por la década del 60, y
contrariamente a lo que sucedió con los profesionales que lo sucedieron en el
cargo, él siguió viviendo en una casa alquilada y nunca amasó fortunas. No era
adicto a los billetes y mucho menos de las cajas fuertes.
En la década del 50,
durante el gobierno peronista, los alquileres fueron congelados y no era fácil
proceder al desalojo de los inquilinos, aún si éstos no cumplieran con lo
establecido en el contrato. Si bien los propietarios especulaban ante la falta
de viviendas y cobraban alquileres desmedidos, ahora la situación era a la
inversa, el inquilino pasó a abusar de su arrendador, y terminaba pagando sumas
exiguas debido a la inflación. Tal vez esta descripción técnicamente no sea la
correcta, pero en términos generales así se desarrollaban estos conflictos. Sin
dudas, esto originó que mucha gente se despreocupara por obtener su vivienda
propia ya que implicaba un ajuste presupuestario familiar, mientras que pagando
un alquiler a precio vil (que ni siquiera cubría el costo del impuesto inmobiliario)
les permitía vivir cómodamente en zona céntrica. Conocí a muchos empleados que
siendo jubilados y habiendo cambiado el régimen de alquileres, terminaron
viviendo en casas fabricadas a través de planes sociales, como lo fue el Barrio
Cibelli, después de vivir el 70% de sus vidas en zona privilegiada. Algunos de
ellos hasta se mostraban contrariados por tener que residir tan lejos del
centro.
Volviendo al Dr. Eduardo
Rojas Molina, como he dicho al inicio, vivía en casa alquilada. Por razones que
desconozco, el propietario le inició juicio de desalojo, pero él se ajustó a
derecho. A través de un profesional médico consiguió un certificado que le
diagnosticó guardar cama para recuperarse de una determinada dolencia y en
consecuencia el desalojo no pudo concretarse en su totalidad, por cuanto
algunos muebles terminaron en la vereda, con tan mala suerte (para el dueño de
la vivienda) que comenzó a llover y el mobiliario se deterioró.
Resultado: El propietario
perdió el juicio y debió pagar los daños y perjuicios que originó su demanda.
El Dr. Rojas Molina
falleció a causa de un accidente en ruta mientras conducía su automóvil. Se
diagnosticó que había sufrido un desfallecimiento que produjo el percance.
Hasta ese entonces habitó la casa que alquilaba en Avda. Casey.
Casamiento sin recuerdo para guardar
El día que se formalizó el
casamiento de una pareja de La Chispa, en el pueblo se hizo una gran fiesta en
el club social, al que concurrieron más de un centenar de invitados. No
recuerdo puntualmente los nombres de los contrayentes, pero sí de haberlos
conocido.
El acontecimiento fue
celebrado con gran pompa, lo que denominaríamos de “alta gama” y el hecho
novedoso fue la filmación de toda la celebración a cargo de un productor
artístico que vino expresamente de Buenos Aires con una enorme cámara
profesional y camarógrafo incluido. Según me dijeron, el productor era familiar
de uno de los contrayentes.
En las décadas 1960/70 se
había instalado la moda de filmar los actos sociales y, muy particularmente,
las reuniones familiares, lo que les daba a los eventos un toque de distinción.
Al menos eso era lo que se suponía por aquellos años.
El hecho es que esa noche
el director artístico de la filmación le indicaba al camarógrafo dónde
ubicarse, cómo hacer las tomas a lo largo y ancho del salón colmado de
comensales. Así estuvo toda la noche de una punta a la otra acompañando a los
novios que saludaban efusivamente a cada una de las personas ubicadas en mesas
individuales. Luego vinieron el vals, las cintas de la torta, el ramo arrojado
por la novia y toda la saga litúrgica que se practica en los casamientos.
Por fin el camarógrafo
tuvo un momento de descanso y dejó la filmadora sobre uno de los bafles
instalados a la par del escenario donde los músicos seguían dándole a la
matraca y los bailarines saltaban embadurnados con nieve loca, serpentinas y
papel picado.
Cuando llegó el momento
del descanso y cada uno se volvió a su lugar para saborear la torta y el
champán, el director ordenó al camarógrafo que tomara la cámara para hacerle un
reportaje final a los flamantes esposos. Cuando el camarógrafo fue hasta el
bafle donde la había dejado, se encontró con que ya no estaba.
En un principio creyeron
que alguien la habría guardado en otro lugar para mayor seguridad, razón por la
que comenzaron a preguntarles a unos y otros si la habían visto, pero nadie
tenía una respuesta certera. Hasta el locutor de la orquesta hizo un llamado
por el micrófono, pero nadie parecía haberla visto. Entonces comenzó una
búsqueda desesperada por todos los rincones, hasta los más insólitos, pero la
cámara no aparecía.
Resumiendo: Algún pillo fichó la cámara y en un descuido se alzó con ella. Hasta donde yo sé, nunca la recuperaron.
Otros fracasos de filmación y fotografías
En ese acontecimiento, Don José Saina directivo de la firma, que era aficionado a la fotografía, se compró una cámara filmadora profesional expresamente para registrar el acontecimiento. En esetiempo había que tener cuidado de no olvidarse de sacar la tapa del teleobjetivo porque el visor estaba independiente del objetivo, razón por la que el camarógrafo podía ver lo que filmaba, pero no así el teleobjetivo porque estaba tapado.
Eso fue lo que le pasó a don José que filmó toda la noche con el teleobjetivo tapado.
Una lástima porque, según comentarios, se gastó varios rollos y no se pudo ver nada de lo captado.
Reitero que esto me lo han contado, no puedo aseverar de que sea verdad, pero no fue el único a quien le pasó este descuido, porque mi querido y recordado amigo Rodolfo “Cacho” Delahanty, profesional de larga trayectoria en el ámbito fotográfico, no pudo exhibir las fotos de un acontecimiento importante realizado en Venado Tuerto porque se olvidó de cargar el rollo. Esto sí lo afirmo porque “Cacho” me confirmó lo que le pasó, y si mal no recuerdo, fue cuando se realizó la clásica Vuelta de Santa Fe de Turismo Carretera, de gran auge en los años 50/60.
El automovilismo en Venado Tuerto
Continuando por avenida Laprida hacia el noreste, cuando llegamos a la cortada nos encontramos con un monolito que recuerda al corredor Lalo Destéfano.
Así publicó “El Orden”, Santa Fe, el 27 de julio de 1931la noticia del accidente que le costó la vida al corredor Lalo Distéfano.
Se mató Lalo Destéfano
| Estado actual del monolito |
Durante la prueba, en un brusco viraje, volcó el coche que conducía Lalo Destéfano acompañado por su hermano Domingo.
Lalo quedó exánime bajo su coche, y después de haber sido sacado del mismo y mientras era conducido a un hospital falleció sin haber recuperado el conocimiento.
Domingo Destéfano fue conducido al mismo hospital y a pesar de que en un primer momento su estado fue considerado gravísimo se sabe que ha reaccionado y no se teme por su vida.
El accidente se produjo en la sexta vuelta en instantes en que iba a iniciar el viraje por el que entraba a la recta del control encabezando el pelotón con varios minutos de ventaja sobre su perseguidor más próximo.
El Digesto Municipal del año 1940, en la página 262 publica el Acta Nº 48 de la Comisión de Fomento y en el artículo 3º) detalla la siguiente resolución:
“En virtud de la petición formulada por los Obreros de la Chacarita del Automóvil de la firma Luis Salas, de Rosario, en la que solicita permiso para la colocación de una placa de bronce, recordatoria del trágico accidente automovilístico que le costó la vida al corredor Lalo Distéfano el 26 de julio del año en curso, acordar el permiso solicitado por ser un acto de evidente justicia en memoria del intrépido volante y hacer acto de presencia el día 29 del corriente, fecha destinada para la ceremonia, comunicándose a los peticionantes en nota de estilo”.
Firman: José Pujol Casanovas (secretario) y Luis Chapuis (Comisionado de la intervención Nacional)
Lamentablemente, en un acto de vandalismo, la placa fue sustraída, razón por la que se colocó una lámina metálica rústica en reemplazo de la original, la que también sufrió depredación de inadaptados sociales.
¿Quién era París Giannini?
Del archivo del escritor
Walter Minor rescatamos esta historia para compartir. Repasa la vida de París
Giannini, cultor del ciclismo y el piloto de carreras más viejo y querido de su
época. Nacido en Italia, París fue aquí y allá el amigo de todos.
París Giannini fue un
carismático piloto de carreras en los albores del automovilismo nacional,
nacido en Italia en el año 1873.
Cuando tenía apenas 15
años, en 1888, se embarcó junto con su familia hacia la Argentina y prontamente
se estableció en Olavarría, localidad en la cual llegó a formar una empresa
constructora que tuvo a su cargo -como obra saliente durante los años 1906 y
1907-, la demolición de la antigua casa sucursal del Banco Nación local, para
levantar en ese mismo lugar una moderna edificación.
Sus hermanos, Juan y Luis,
adquirieron el local de fotografía que pertenecía al pionero de la especialidad
don Cornelio Aldasoro y fueron prestigiosos en el ramo.
Los hermanos Giannini
fueron en Olavarría cultores del ciclismo, único deporte sobre ruedas que se
practicaba en una ciudad que carecía de automóviles.
En 1915, París toma la
decisión de volver a su tierra natal (Italia), dónde comienza a practicar el
automovilismo deportivo en 1919. Para ese entonces contaba con 46 años.
Atraído por las primeras
competencias que se realizan en Argentina, decide volver en 1920 y se afinca en
la ciudad de Mercedes. Allí arma un Studebacker para incorporarse a las mismas
y el 2 de diciembre de 1923 inicia su trayectoria en un circuito de 40
kilómetros situado en la localidad de Morón, sobre el que girará ocho veces
hasta completar un total de 320 kilómetros. Esta carrera, organizada por el
Círculo Automovilista Argentino estaba distribuida en cuatro categorías que
nucleaban 23 competidores en total.
París Giannini y tres
pilotos más largaron en segunda categoría, otros ocho lo hicieron en primera;
ocho más en tercera y solo tres en cuarta.
La competencia general fue
ganada por Eugenio Caussoulet con 9h. 02’54”, clasificándose segundo Giannini,
con 10h.59’15”. Vale decir que triunfó en su categoría y sobre 7 participantes
de primera línea.
Las posibilidades de
correr seguido eran pocas al igual que la cantidad de autos, pero aquello tenía
el valor de marcar el camino en algo tan difícil como rodar a “grandes
velocidades” sobre superficies polvorientas y banquinas peligrosas, sin pasar
por alto el martirio extra provocado por la dureza de dirección, asientos y
amortiguaciones.
Anteponiendo la pasión por
la velocidad a todas las “contras”, continuó su carrera este italiano que se
hizo muy querido en el ambiente. A pesar de que fue un piloto de primera línea
nunca ganó una general y tuvo que conformarse consiguiendo etapas de grandes
premios y triunfos parciales logrando la actuación más recordada en el Gran
Premio llevado de 1925, cuando obtuvo cuatro de seis etapas y sin embargo debió
conformarse con llegar detrás de Ángel Marelli en la general.
Esta falta de victorias no
fue impedimento para que se transformara en un deportista altamente respetado
hasta el desgraciado suceso ocurrido el 25 de enero de 1929, cuando a 18
kilómetros de Arrecifes el bloqueo de la rueda sobre una curva tomada a fondo
le provocó el vuelco y la muerte a París y a su acompañante Dino Papini. Tenía
56 años y era el piloto más viejo y querido del circuito.
Los corredores, no
quisieron continuar y así se lo hicieron saber a los organizadores mediante una
nota firmada por todos, pero la misma fue rechazada, por lo que, al día
siguiente, la marca Graham Paige (con la que corría París), retiró a sus
pilotos de la competencia. Los demás encendieron sus autos e iniciaron la
prueba, pero a 50 metros de la largada se detuvieron e hicieron un minuto de
silencio para recordar al amigo, antes de seguir su marcha.
París Giannini, erróneamente
considerado piloto olavarriense en el “Manual del Alumno Olavarriense” del
Archivo Histórico Municipal de Olavarría, fue un recordado representante de
Mercedes, ciudad en que cosechó una legión de amigos y en la cual hay sitios
públicos que llevan su nombre como recuerdo.
En el ámbito de las carreras, aquel 25 de enero de 1929 fue recordado por sus compañeros de ruta, público y periodismo como el día más triste del automovilismo deportivo y por única vez, los corredores. tomaron la decisión de revelarse por un minuto a la organización y rendirle tributo al amigo, que como uno de ellos expresó “era también un poco el padre de todos nosotros.
Emergencia aérea sobre Venado Tuerto
“Un
aterrizaje de panza o aterrizaje con tren plegado es cuando una aeronave
aterriza sin su tren de aterrizaje completamente desplegado y utiliza su parte
inferior, o panza, como elemento de aterrizaje principal. Normalmente el
término aterrizaje con tren plegado se refiere a incidentes en los cuales el
piloto se olvida de desplegar el tren de aterrizaje, mientras que aterrizaje de
panza se refiere a incidentes en los que un fallo mecánico impide al piloto
desplegar el tren.Se comentaba que el avión pertenecía al ámbito militar (Ejército/Fuerza Aérea) y que viajaban, además de la tripulación, familiares de los oficiales. Recuerdo que no estaba permitido tomar fotografías de la nave accidentada.
Confiando en mi memoria, diré que el avión era similar al que se muestra en esta foto y que pertenece a un sitio de internet, que dice lo siguiente: El ejército argentino recibió sus primeros 6 ejemplares en 1946, operados por el Regimiento Nº1 de la Agrupación de Transporte como ambulancias aéreas. En 1948 son transferidos a la Fuerza Aérea para servir en Coronel Pringles, El Plumerillo y en Reconquista. Actualmente fuera de servicio.
"PIETRO"
Pietro vivía en el barrio Centro II que abarca las calles Brown, Estrugamou/Casey, Rivadavia y 12 de octubre, ubicándose en la zona de Azcuénaga entre Colón y López aproximadamente y estudió en el Colegio Sagrado Corazón.
Un día antes de la triste noticia, estuve con Gonzalo (el hijo del colchonero del barrio) que hacía cobranzas a domicilio y le pregunté qué contaba Pietro de Italia y qué era de su vida. Gonzalo me dijo que hacía unos dos días había regresado a Italia. Esa noche Gonzalo me llamó por teléfono para decirme que Pietro había fallecido. Gonzalo estaba consternado y me dejó a mí sin habla.
Los restos de Pietro fueron vueltos a la argentina y descansan en el Cementerio de Venado Tuerto. ¿Habrá pedido Pietro ser sepultado en su querido Venado Tuerto?
Los “Miranda”
La familia Villafaña
vivía sobre calle Uruguay y su casa estaba pegada al club Olimpia. El patio de
la vivienda estaba tapialado y, desde la cancha, se veía la característica
parra que cubría parte del patio. Entre la frondosidad de la vid y el tapial,
había un hueco que permitía a los moradores otear la actividad del gimnasio.
Una noche de verano actuaba el conjunto folclórico “Los Chalchaleros” y el
escenario estaba ubicado de espaldas a la calle Juan B. Justo, lo que hacía que
los ejecutantes estuvieran de frente al tapial de los Villafaña. Como era
habitual, el anunciador del conjunto era Juan Carlos Saravia que, no hace falta
acotarlo, lo hacía con la gracia que tenía su proverbial carisma.
Esa noche, después de cantar varias canciones, Saravia, con gracia salteña, anunció que iba a dedicarle la próxima canción a la familia Miranda, “que se encuentra en el palco”, dijo, y apuntó hacia el tapial. Todos nos dimos vuelta para conocer a los Miranda y allí estaban los ojos brillosos de los Villafaña que, al darse cuenta de la chanza, agacharon sus cabezas ante la risa de todo el público presente que aplaudió a rabiarse. Tras lo cual el espectáculo continuó su curso festivo. Un recuerdo especial para los Villafaña, una familia emblemática del Barrio San Martín.
El Dr. Mariani, pierde la vida en un accidente
Del semanario "La Ciudad"

Venado Tuerto en Inglaterra
CURIOSIDADES
DEL DIGESTO MUNICIPAL
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| Digesto Municipal de Venado Tuerto |









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